Opinión

La discreta eficiencia
de Navarrete Prida

 
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Alfonso Navarrete Prida, titular de la STPS (Cuartoscuro/Archivo)

Bien sabemos que entre las cualidades colectivas que nos mueven, hay una que incluso ha sido admirada en diversos círculos extranjeros: promover e inventar nuestros propios trabajos, por modestos que sean. Esto es tan cierto que la economía improvisada es superior a la que se registra como formal. Son los changarros tan soñados y promovidos por Vicente Fox los que pululan por doquier y apuntalan la sobrevivencia de quien carece de calificaciones para obtener un trabajo en alguna empresa o dentro del gobierno.

Bien sabemos que son las llamadas pequeñas y medianas empresas (Pymes) las que dan el mayor porcentaje de trabajos en el país. Las grandes, las mayores y las que se amparan en firmas de renombre no alcanzan a absorber la mano de obra general. Es el infortunio, la improvisación, el desamparo que auspicia la formación de pequeños negocios con los que logra flotar la mayoría de la población. Esta es, de hecho, una especie de tradición que nuestra necesidad colectiva ha creado hasta hacer de lo informal, la economía mayoritaria. Quien pierde la chamba, pasada la desmoralización, la depre y el abismo, comienza un pequeño comercio en la esquina o se asocia con el compadre en la fonda improvisada o en el garaje de la casa familiar. De esta innovación viste el panorama de muchas ciudades del país.

Por ello, cuando gracias a su fortaleza, el dólar pone a la baja a todas las monedas del mundo, cuando el precio del barril de nuestro petróleo desciende tanto, cuando el presupuesto nacional no satisface nuestras necesidades, resulta inaudito que la informalidad descienda o si se quiere interpretar correctamente, que mejore el número de mexicanos que obtienen un trabajo digno con todas las prestaciones de ley: pago de prestaciones como Seguro Social, vacaciones pagadas, reparto de utilidades, aguinaldo y otros beneficios.

Con su característica discreción, Alfonso Navarrete Prida declaró e inexplicablemente sólo encontró acomodo en las páginas especializadas, el alcance de la medida. Trataré de verla en números: en México hay más de 35 millones de personas que trabajan por su cuenta y riesgo sin tener ni patrones ni las prestaciones que debieran tener para solventar los casos de enfermedad, estímulos y protección ante la vejez o la cesantía. En doble negación, no tienen nada. Pues bien, las acciones para formalizar el trabajo han reducido el fenómeno en dos puntos porcentuales y han bajado de 59.6 por ciento que no tienen prestaciones a 57.6 por ciento. Es decir, han sido cientos de miles, cerca de un millón quienes ya tienen trabajo remunerado. Esto lo confirma el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi) y explica que se debe a que ha habido una mucho mayor capacitación para el trabajo, becas de primer empleo y la vinculación laboral con el Servicio Nacional de Empleo.

Esto último hasta pareciera secreto: ¿Servicio Nacional de Empleo? Como sea, algo bien hecho está funcionando. Cierto, son cifras pequeñas pero el contexto mundial más bien parece adverso para que esto se dé. Recordemos cómo está Grecia, Rumania e incluso España. Las cifras del desempleo aumentan todos los días y en esos lugares no es común improvisar el fenómeno de la informalidad en la proporción y dimensión con que nuestra población suele responder ante las carencias.

Pensar en trabajadores desempleados o con actividades poco remuneradas y en condiciones por demás difíciles que logren migrar a la formalidad que les brindan las empresas, es algo casi imaginario o ficticio. Lo insólito, dentro de tantas cifras negativas que escuchamos constantemente, es que esto se esté logrando. ¿Qué es lo que motiva a alguien quien tiene una pequeña fonda donde se venden tortas, tacos, sopes y fritangas a dejar eso para obtener un empleo en una firma establecida y someterse a tener un patrón cuando no está acostumbrado a ello ni a recibir órdenes ni manejarse con horarios fijos y días acordados? En esto hay un cambio de mentalidad. ¿Lo han propiciado las diferentes vertientes de la Secretaría del Trabajo, los patrones, acaso la suma de esos esfuerzos? ¿Qué ha sido?

Y lo que es definitivo preguntarnos, ¿cómo continuará esa transformación; qué deben hacer los empresarios para que ese esfuerzo no sea flor de un día; qué harán las autoridades del Trabajo para darle seguimiento a ese extraordinario desempeño?

Y los sindicatos, ¿cómo ven esos favorables puntos de diferencia; de qué modo participan ya en eso que pudiéramos calificar como una cruzada laboral?

Twitter: @RaulCremoux

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