Opinión

La destrucción de la democracia en México

 
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Si fuera corrupto, ya me hubieran acabado políticamente: AMLO

Sí, se desmorona la democracia en México. Y hay muchas, pero muy altas probabilidades de que el siguiente presidente de México sea un populista o alguien con tendencias populistas. No sé si será un populista de la izquierda o de la derecha. Pero el siguiente mandatario seguramente ganará haciendo campaña bajo las premisas con que han avanzado otros políticos y partidos populistas: desprecio y cuestionamiento a las instituciones, a la clase política, a la élite económica, los expertos y el statu quo.

En el caso de políticos populistas en otras partes del mundo, incluyendo la elección de Donald Trump, su plataforma política estaba enfocada en cuestionar el modelo económico, basado en la globalización, la política migratoria de sus antecesores y la incapacidad de reducir la amenaza terrorista.

Pero en el caso de México la expresión populista estará enfocada en desacreditar las instituciones y la clase política, subrayando la corrupción y la incapacidad del gobierno y la clase política.

En este espacio hace unos meses, a la luz de los resultados de las elecciones intermedias, detallé las probabilidades de que, a principios de 2018, Andrés Manuel López Obrador anunciaría que de ser electo presidente estaría dispuesto a enjuiciar por corrupción a Enrique Peña Nieto y que este anuncio lo elegiría como el siguiente mandatario de México.

No sólo reafirmo este comentario, creo que los otros candidatos tendrían quehacer lo mismo. Aunque, claro, obviamente no podrán porque no tendrán la autoridad moral para hacerlo. Pero los políticos populistas, además de cuestionar instituciones y el statu quo, tienen otras características claramente identificables que, una vez que gobiernan, acaban debilitando –desmoronando– las democracias.

La prestigiada revista Foreign Affairs en sus últimas ediciones ha publicado varios artículos describiendo el fenómeno y peligro del populismo. How Democracies Fall Apart (Cómo se desmoronan las democracias) por Andrea Kendall-Taylor y Erica France; y Populismo on the March (Populismo en marcha) por el columnista y conductor Fareed Zakaria, señalan que no es un fenómeno nuevo (¡citan a Juan Perón!) pero es un movimiento que ha ido en aumento en las últimas décadas.

Y particularmente preocupante para estos autores es cómo el fenómeno populista ha tomado auge aún en las democracias más avanzadas.

Y lo que más preocupa a estos autores, y debería de preocuparnos a nosotros es que, en principio, los gobernantes populistas al ejercer un liderazgo strong and decisive (fuerte y decisivo) tienen que forzosamente destruir aquellas instituciones, expertos y medios de comunicación que no permiten el cambio o las reformas que prometieron en campaña.

La misma naturaleza de una democracia es tener pesos y contrapesos, que a veces funcionan, a veces no. Pero la realidad de este sistema es que implementar reformas o cambios no permiten que esto suceda con la rapidez que exige el electorado.

En estos artículos de Foreign Affairs detallan el peligro de los populistas ante la presión de hacer cambios inmediatos y asegurar permanencia en el gobierno. A diferencia de los dictadores, donde en una forma repentina y violenta usurpan las instituciones democráticas y con esto automáticamente enfrentan cuestionamientos a nivel nacional e internacional, los populistas usan las mismas herramientas que caracterizan las democracias para desmoronarlas: elecciones con apoyo mayoritario, reformas legislativas, nombramientos en áreas claves como seguridad, y nombramientos de jueces y fiscales, corroer a la sociedad civil, dividir a la oposición, y la compra o censura de los medios de comunicación.

No estoy asegurando que Andrés Manuel López Obrador u otro candidato para la presidencia en 2018, de ser electo, trate de destruir la poca cultura democrática que existe en el país. Pero sí es claro que un candidato que trate de hacer campaña con métodos tradicionales como delinear una estrategia de gobierno con respaldo de datos y expertos, simple y llanamente no ganará.

El electorado en 2018 votará por el candidato que le asegure perseguir a los corruptos, que mejore su situación económica y que le dé seguridad. Punto. O sea que el lema de campaña es ‘prosperidad y seguridad sin corrupción’.

El problema es que el que prometa ‘prosperidad y seguridad sin corrupción’ no lo podrá hacer en una forma inmediata, sin violentar el Estado de derecho y sin oposición. Por lo tanto, tendrán qué hacer uso de la violencia como los dictadores o desmoronar las instituciones democráticas como los populistas.

Twitter: @Amsalazar

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