Opinión

La destitución de González Aguadé

Es uno de los sinsentidos más grandes que he escuchado en mucho tiempo y sin lugar a dudas una pifia monumental dentro del capitalismo que queremos construir: la destitución del presidente de la Comisión Nacional Bancaria y de Valores (CNBV) por el caso Ficrea, lo que refleja un desconocimiento total de los ahorradores respecto de las normas que regulan a las instituciones financieras del país.

Lo he dicho y lo sostengo: si un mexicano compra una casa digamos, con tres millones de pesos, y la pierde en un terremoto o huracán, no reclamará a nadie, ni pedirá la destitución de ningún funcionario.

Asumiría su insensatez por no haber adquirido un seguro. Pero si ese mismo mexicano destina sus tres millones a un ahorro bancario, y lo pierde, pedirá sangre. Nótese: se trata del mismo individuo, pero que actúa distinto cuando su inversión está en diferente tipo de activo. Apuesto que una buena cantidad de los defraudados por Ficrea no tienen asegurada la casa o apartamento en el que viven.

Esta es la tragedia de México que el pavoroso caso de Ficrea exhibió: ignorancia de la relación entre riesgo y rendimiento. A Jaime González Aguadé, que ha hecho un excelente trabajo al frente de la Comisión, se le acusa de omiso por no haber supervisado a tiempo los fraudes que finalizaron las operaciones de Ficrea. Pero es un disparate monumental pedir su destitución, porque el supervisor no es el gerente de los activos; además, sólo hasta que la autoridad tiene elementos suficientes para actuar e intervenir, debe hacerlo, como ocurrió en este caso.

Pedir la destitución de Jaime equivaldría a decir que si una farmacéutica altera un compuesto en la fórmula de sus medicamentos tuviéramos que pedir lo mismo para el titular de Cofepris; o que si un radiodifusor desata su furia contra las instituciones calumniando gente por doquier, debiera destituirse al presidente del Ifetel. Disparates, pues. En el caso de Ficrea el único presunto responsable del fraude se llama Rafael Olvera Amezcua, el dueño.

Recuérdese cuando en Estados Unidos se destapó el caso de Bernie Madoff, con su fraude por 50 mil millones de dólares, la gente sacaba carteles a la calle pidiéndole que se suicidara. Pero el reclamo era hacia él, no hacia la autoridad.

Solicitar la destitución de González Aguadé es un acto que se inscribe dentro de la lógica paternalista típica del mexicano: aquella que demanda, reclama e implora que siempre el gobierno sea quien le solucione los problemas de la vida, no importando si el problema fue la infidelidad de la esposa, un huracán veraniego, o un fraude que perpetró un particular. Este es el país donde los individuos no se hacen responsables de los riesgos que asumen de forma individual.

Twitter: @SOYCarlosMota