Opinión

La desinformación trasciende fronteras

 
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Krugman. La desinformación trasciende fronteras.

El parecido entre el ala derecha de Estados Unidos y un culto del día del juicio final es algo que mucha gente ha notado: cuando no se materializaron varias profecías de desastre, desde la hiperinflación hasta un espiral de la muerte ocasionado por el Obamacare, la gente que predecía esos desastres simplemente encontró nuevas formas de conservar su fe.

Así pues, la reciente arremetida de Jonathan Chait contra la negación del éxito del Obamacare estuvo bien, pero no fue tan distintiva (lea aquí su artículo en la revista New York: nym.ag/1BRjVSf). Sin embargo, en lo que el Sr. Chait sí pone el dedo es en otro aspecto del “debate” (realmente no merece ser dignificado con ese término): la dependencia no en argumentos sustantivos de política, sino en percepciones públicas. En el caso de la reforma al sistema de salud, esto representa la afirmación de que el Obamacare ha fracasado porque muchos estadounidenses siguen creyendo las mentiras de los oponentes.

Esta es una forma barata y deshonesta de argumentar, pero también es ampliamente utilizada no sólo por la derecha en Estados Unidos. Estoy estudiando un poco el debate sobre la austeridad en Gran Bretaña, y lo que me sorprende es el papel tan crucial que juega este tipo de argumentación desde la percepción en las discusiones del economista Simon Wren Lewis sobre la “mediamacro” (vea su blog: mainlymacro.blogspot.com).

Considere, como ejemplo prominente, cuando The Financial Times publicó una editorial en 2013 declarando que la austeridad había sido reivindicada. En ningún momento la editorial abordó temas económicos. En cambio, declaró que George Osborne, ministro de Economía y Hacienda, “ha ganado la discusión política”, y descartó el análisis económico real (una reanudación del crecimiento cuando la consolidación fiscal hace una pausa es exactamente lo que se esperaría) como demasiado complicado para los votantes, Dios bendiga sus hermosas cabecitas.

Seamos claros en la mala fe que esto encierra. Es perfectamente correcto señalar que las elecciones parecen depender de la tasa de crecimiento reciente y no de un verdadero análisis del desempeño económico. Lo que no está bien es borrar la distinción entre ese tipo de análisis político y un verdadero análisis de cómo funciona una política determinada. Y cuando la gente borra de esa forma para armar el caso a favor de una política de su preferencia, es profundamente sórdido, sin importar de quién se trate.

Twitter: @NYTimeskrugman

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