Opinión

La desilusión del príncipe Bandar Bush


 
El hombre que anunció el “gran cambio” en la relación saudí con Estados Unidos es, paradójicamente, quien en mayor medida tejió vínculos personales con la elite de la potencia protectora y fortaleció una alianza responsable de la inestabilidad en Oriente Medio, hasta el grado de ser apodado “Bandar Bush”: El príncipe Bandar ben Sultán, durante 22 años embajador en Washington y, desde 2005, secretario general del Consejo de Seguridad Nacional de El Riad.
 
No cabe duda de que la distensión entre Irán y EU, de la que no puede separarse el pacto Lavrov-Kerry para el desarme químico de Siria, que debilitó a los fanáticos de Al Qaeda, ha puesto nerviosa a la monarquía saudita, justo cuando avanza hacia una transición interna con el rey Abdulá, ya de 90 años. El signo inicial del nerviosismo fue la inasistencia a la Asamblea General de Naciones Unidas, inédita desde 1975, del canciller Saud el Faisal, seguida por la decisión de renunciar al escaño que Arabia Saudita ocuparía por primera vez en el Consejo de Seguridad de la ONU.
 
Los argumentos esgrimidos por El Faisal son los mismos de Ben Sultán: La incapacidad de la ONU para resolver el conflicto palestino ––al fin lo recuerdan, cuando poco hicieron para solucionarlo––, su fracaso en controlar los planes atómicos regionales y en “permitir” que Damasco utilice armas químicas contra civiles, un cuento viejo que en realidad sería producto del mismo espionaje saudita para provocar una ofensiva del Pentágono que sirva a los “rebeldes” la cabeza de Bashar el Assad, misión que se encomendó el año pasado a Ben Sultán, nombrado jefe de la Agencia de Inteligencia Saudí.
 
 
Interminable
 
 
La trayectoria de Ben Sultán es prácticamente interminable. Multimillonario e hijo de una concubina, es un proestadounidense autodefinido como “hamiltoniano conservador”. En especial, trabó amistad con la dinastía Bush y por tanto influyó en decisiones como la guerra con Irak por Kuwait de 1991, igual que la invasión a Bagdad de 2003. Sus secretos y corruptelas, simbolizados por el caso El Yamamá de compra de armas que la OCDE de José Ángel Gurría quiso investigar, lo hicieron una leyenda al lado de sus excesos y el trato que sostuvo con Osama bin Laden.
 
La pregunta es si El Riad será capaz de alejarse de EU. Si lo intenta de verdad, dicen los observadores, la Casa de los Saud se derrumbará.