Opinión

La desigualdad y el desarrollo infantil temprano

 
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POBRES SLP

Por César Velázquez Guadarrama.

No hay duda que uno de los mayores retos que enfrenta el mundo y en particular México es el de la desigualdad. El Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI) con datos del Módulo de Condiciones Socioeconómicas (MCS) 2015 señala que el 10% de la población con mayores ingresos recibe en promedio casi 20 veces más ingreso que el 10% de la población con menores recursos (161,568 pesos trimestrales vs 8,169). La desigualdad, además de estar asociada a la pobreza, rompe el tejido social y en el mediano y largo plazo es un elemento que limita el crecimiento de la economía.

Las causas de la desigualdad son diversas pero una central es la diferencia en las habilidades cognitivas y no cognitivas (autoconfianza, perseverancia, aversión al riesgo) de las personas. La literatura académica ha demostrado que estos dos tipos de habilidades son un determinante importante de la escolaridad y del ingreso futuro de las personas pero también de conductas sociales como el cuidado de la salud, la participación en actividades criminales o el uso de sustancias prohibidas.

Asimismo, se ha encontrado que esta desigualdad en las habilidades tanto cognitivas como no cognitivas empieza a manifestarse desde edades muy tempranas pues niños con falta de cuidados de salud, de nutrición y que viven en ambientes violentos e inseguros desarrollan menos habilidades que niños inmersos en ambientes más favorables y que esta brecha es muy difícil de cerrar después ya que muchas habilidades dependen de las habilidades adquiridas anteriormente.

En este contexto se han desarrollado en muchos países del mundo lo que se conoce como “intervenciones tempranas” o “desarrollo infantil temprano” y que se refieren a políticas públicas que atienden a los niños en sus primeros años de vida. Una de las virtudes de este tipo de programas es que son mucho más costo efectivos que aquellos que se realizan más tarde en la vida como lo ha demostrado el profesor James Heckman de la Universidad de Chicago, premio Nobel de Economía y uno de los principales promotores de esta clase de acciones sociales.

Uno de los programas más citados como ejemplo de lo que pueden ofrecer este tipo de intervenciones es el de la escuela Perry en el estado de Michigan en los Estados Unidos, la cual proveyó de atención especial a niños de entre 3 y 4 años durante los años de 1960. Los niños en el grupo de tratamiento y control fueron seguidos hasta los 40 años. Entre otros resultados se encontró que un porcentaje mayor de los niños en el grupo de tratamiento, en comparación con los niños que no recibieron la atención, se graduó de la preparatoria y que un porcentaje menor se involucró en actividades ilegales.

En el caso de México el Programa de Estancias Infantiles aborda esta problemática si bien su fin último no es el desarrollo infantil temprano sino otorgar tiempo a las madres y padres solteros para que puedan trabajar, buscar trabajo y/o estudiar y capacitarse. De igual forma, la obligatoriedad de la educación preescolar es un buen intento de caminar por el rumbo adecuado pero considero que hace falta un esfuerzo integral por abordar una política de alcance nacional con relación al desarrollo infantil temprano y que se focalice en los hogares con mayores necesidades.

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