Opinión

La desigualdad amenaza la continuidad del crecimiento


 
El crecimiento de la desigualdad se perfila como uno de los mayores problemas que tendremos el próximo año en el mundo entero.
 
 
El documento Outlook on the Global Agenda 2014, que preparó el Foro Económico Mundial, que esta semana se reúne en Davos, coloca a la desigualdad como la segunda tendencia más relevante a nivel global, pero en América Latina aparece como el tema número uno, seguido por el desempleo.
 
 
Además, en Latinoamérica, el 68 por ciento de las personas que fueron entrevistadas para elaborar el documento de referencia, piensa que el sistema económico de nuestros países favorece a los más ricos.
 
 
En el caso de México, la persistencia de la desigualdad en los ingresos, según reporta la Encuesta Nacional de Ingresos y Gastos de los Hogares, es uno de los problemas estructurales que padecemos.
 
 
Las políticas sociales que se han instrumentado a lo largo de las últimas dos décadas han sido ineficaces.
 
 
Uno de los factores en los que se traduce la desigualdad es en la pobreza. Le recuerdo que de acuerdo con las mediciones de Coneval, el 52.3 por ciento de la población mexicana está en la pobreza, medida desde la perspectiva de su ingreso.
 
 
La primera medición disponible con este mismo criterio data de 1992, hace 22 años, y el porcentaje entonces fue de 53.1 por ciento. Es decir, en dos décadas, aparentemente nada cambió.
 
 
La realidad es que sí cambió mucho, pues en 1996, tras la crisis, el porcentaje de pobres en México llegó al 69 por ciento, con un incremento dramático, de más de 16 puntos en tan sólo 2 años.
 
 
Luego, tuvimos un periodo en el que bajó sistemáticamente hasta llegar a 42.9 por ciento en el 2006… pero se volvió a atravesar la crisis y el porcentaje volvió a subir hasta más de 52 por ciento en la más reciente medición.
 
 
En el caso de la pobreza, las estadísticas de México muestran que lo que la ha disparado son las crisis económicas. En los lapsos en los que se ha mantenido el crecimiento, aún lento, se logra una reducción.
 
No es así en el caso de la desigualdad. La diferencia entre los ingresos del decil X y el I es de 21 veces actualmente. Los levantamientos de información hechos con la misma metodología indican que en 2008, antes de la crisis era de 24 veces. La reducción es realmente muy pequeña.
 
 
Quizás el problema más grande que se ve hacia delante es que los cambios tecnológicos que se están presentando pueden propiciar un incremento aún mayor de la desigualdad.
 
 
Las posibilidades de contar con una educación de mayor calidad así como tener acceso a la tecnología dan lugar a que desde una edad temprana, un grupo minoritario de la población tome ventaja amplia respecto a la mayoría.
 
 
Los Estados no han conseguido aún desarrollar políticas eficaces para la reducción de dicha desigualdad.
 
 
La “revolución de las expectativas” que desde hace años caracterizó David Konzevik, además, propicia que los más pobres y con menores ingresos, perciban la oportunidad de contar con los recursos que la tecnología y los medios han hecho masivamente visibles.
 
Esta circunstancia puede provocar erupciones en diversas sociedades, como ya han ocurrido.
 
 
El problema es generalizado a nivel mundial, pero en el caso de México se requiere una combinación de circunstancias para reducir simultáneamente la pobreza y la desigualdad.
 
Por una parte, la persistencia de un crecimiento que al menos esté en el 4 a 5 por ciento de manera continua por varios años. Y al mismo tiempo la redefinición de políticas sociales para generar crecimiento incluyente, con un fuerte énfasis en la educación y la salud.
 
¿Tendremos resultados favorables antes de que haya erupciones sociales? Más nos vale que los consigamos.
 
 
Twitter:@E_Q_