Opinión

La democracia en declive; le urge una app

 
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7° Foro de la Democracia Latinoamericana. (Cuartoscuro)

Los pasados 5, 6 y 7 se llevó a cabo el 7° Foro de la Democracia Latinoamericana, bajo el título: Educación cívica, cultura política y ética ciudadana: desafíos para el fortalecimiento democrático.

El Palacio de Minería se transformó en un espacio de reflexión en donde expresidentes, políticos, académicos, representantes populares, funcionarios, líderes, embajadores e intelectuales de diversos países tales como Guatemala, Colombia, Honduras, Belice, Costa Rica, Argentina, España, Chile, Panamá, Nicaragua, Ecuador, Estados Unidos, Uruguay y México como anfitrión, todos con múltiples visiones de formación, de profesión, de cultura, de coyuntura, en fin; de historia y trayectoria; y en su mayoría de una generación que vivió el proceso de consolidación democrática y con ello la conquista de libertades y de búsqueda de proyectos por la igualdad.

En la reflexión se analizaron los síntomas e intentaron diagnosticar a un paciente que para algunos agoniza, para otros sólo está fuera de época, para otros su problema es de incomprensión, y para otros es la expectativa de que contenía un super poder que cambiaría al mundo y corregiría los males que nos aquejan y al no lograrlo se encuentra en terapia intensiva.

El paciente: la democracia.

De su mejoría depende el futuro de una generación que no ha logrado escuchar, comprender, comunicarse y vivir las bondades indudables que la consolidación de la democracia otorgó, y los médicos no han sabido explicar el por qué en democracia no se han dado las condiciones de que permitan alcanzar los resultados que las nuevas generaciones demandan; cubrir las expectativas que sembró en términos de igualdad, de crecimiento económico, de garantía de derechos, de transparencia y de control a los políticos.

La democracia lleva 10 años de regresión, o de déficit y sufre ataques internos y externos siendo los más graves la violencia, la corrupción y la desigualdad.

La receta que se sugiere es más democracia, para la cual una mayor educación cívica es fundamental en la creación de una ciudadanía que da por sentado los valores de la democracia.

La pregunta del porqué la desafección, la desilusión, la insatisfacción incluso la degradación y el declive de la democracia sin duda tiene que ver con los resultados y el comportamiento de los políticos que se han comportado igual en democracia y fuera de ella. Lo anterior se ve reflejado en que en América Latina de acuerdo a Latinobarómetro 2016 por cuarto año el apoyo a la democracia no mejora, al registrar una baja de dos puntos porcentuales llegando al 54 por ciento.

Cabe mencionar que México se encuentra por debajo del promedio con un 48 por ciento.

Lo que Latinobarómetro muestra se respira en las calles, se lee y se documenta en las redes sociales, en el bienestar de las familias, en los medios, se padece en el aumento de la violencia, se denuncia en la corrupción, se sufre en la impunidad y el declive la democracia nos debe ocupar a todos.

Para darle vitalidad a la democracia, para fortalecerla la respuesta está en una mayor ciudadanía que se apropie del espacio público más allá de las redes sociales, de una ciudadanía con un mayor compromiso, que promueva una acción colectiva que no lleve a mayor fragmentación, y que abra para sí los espacios institucionales que permitan precisamente que sean los jóvenes quienes vivan la democracia.

Una ciudadanía educada para la paz y políticos educados en democracia con buenas prácticas en un espacio de gobernabilidad y de equidad permitirá reconocer que vivir en democracia es un derecho y exigirle a nuestros gobiernos, tal y como se establece en la Carta Democrática Interamericana que es su obligación promoverla y defenderla, sólo así se pondrá a salvo al paciente, antes de que su lugar sea ocupado por la antipolítica, la apatía, la regresión, el populismo y las salidas fáciles y simplistas que olviden que los valores democráticos no son negociables.

Twitter:@SamuelAguilarS

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