Opinión

La decadencia izquierdista

    
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Marcelino Perelló

La izquierda mexicana ha sido pródiga en dar muestras de su decadencia. El PRD es, como partido político que la agrupó por más de dos décadas, la expresión más clara de esa degeneración, que empezó como movimiento aglutinador y terminó siendo una mezcla de intereses y corrupción en la que, lo que se conocía como 'ideas de izquierda', no tiene nada que ver.

También está la izquierda ultra o lo que se conoce como populismo latinoamericano, que es lo que se maneja en la candidatura de Andrés Manuel López Obrador. Alrededor de este candidato se agolpan perredistas resentidos que antier ostentaban puestos directivos y ahora son pejistas furibundos; también, corruptos de antier, ahora bendecidos y rodeados de la pureza lopezobradoriana; empresarios del fracaso en busca de su último relumbrón para sobresalir en algo y algunos radicales de lo que fue el PRD. Esa es la izquierda partidista, un movimiento profundamente conservador, que puede ser cualquier cosa, menos izquierda.

En fin, que no parecen ser buenos tiempos para la que en su momento fue la ideología y la opción política de la juventud y de la clase intelectual. Incluso los progres se encuentran más en las filas de la derecha liberal que en tradicionales grupos izquierdistas.

Una de las épicas de nuestra izquierda sin duda fue el 68. A esas manifestaciones resulta que no faltó nadie que hubiera estado en edad de asistir. De esa generación no conozco a nadie que no estuviera presente en algunas de las manifestaciones y, por supuesto, en la fatídica del 2 de octubre que, en efecto, no se olvida. Sin embargo, el pleito entre los que fueron líderes del aquel movimiento estudiantil dura hasta nuestros días. Algunos de ellos resultaron verdaderos vivales y traidores a la causa, y terminaron trabajando para el gobierno que mató a sus compañeros y en los gobiernos priistas subsecuentes. Varios de ellos han pasado casi cincuenta años presentándose públicamente como 'exlíder estudiantil'. Uno de estos sujetos es Marcelino Perelló, a quienes algunos de sus excompañeros acusaron de traicionar el movimiento. Perelló lleva años como rémora en la UNAM, en la que incluso tuvo un programa de radio que saltó a la fama por los comentarios del 'exlíder estudiantil', en los que se mofaba de la joven violada por Los Porkys, lo que le valió el cese fulminante del programa.

Le dio una entrevista a Ciro Gómez Leyva para defenderse de sus acusaciones. Lo más destacado fue esto: “Yo adoro a las viejas, las adoro no sólo como objetos sexuales, las tetas, las nalgas, los ojos…” Y claro, tuvo que reforzar su hombría: “porque la cantidad de culos y vaginas que han conocido estos dedos, es infinita, pero nunca en plan de forzar, de imponer a la mujer, es decir, en un acto sexual corriente”.

Lo de Perelló es la expresión de esa izquierda decadente que ha vivido años de su propio mito. Es un septuagenario haciendo comentarios sexuales de manera agresiva y vulgar, creyéndose joven y revolucionario, 'alivianado' e interesante, y no se ha dado cuenta que, simplemente, es un viejo patético. Es el espejo de la izquierda nacional.

Twitter: @JuanIZavala

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