Opinión

La debacle de los partidos

 
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Partidos Políticos. (Especial)

En los últimos años el descenso de los partidos políticos en la escala de credibilidad pública, de confiabilidad ciudadana, ha sido notable. Para algunos politólogos este proceso de descrédito inició desde el momento mismo de la transición democrática.

Son múltiples las razones, como la incapacidad de las organizaciones partidistas para convertirse en auténticos foros de expresión libre, partidista, ideológica. La lógica y natural lucha por el poder, los cíclicos procesos electorales, la torpeza o ignorancia de nuestros representantes para construir acuerdos, pactos, consensos, son algunas de las causas por las que la ciudadanía expresa abiertamente un rechazo frontal a los partidos.

En casi dos décadas de transición democrática formal, con 17 años de la llegada de un partido distinto al poder, los partidos nos han legado algunas lecciones:

Se acomodan según los tiempos políticos. Su defensa férrea de principios y valores se ajusta a la conveniencia del momento electoral y del posicionamiento de otras fuerzas. Si resulta rentable políticamente, los partidos se desprenden de posiciones anteriores y asumen otras nuevas.

Los liderazgos dentro de los partidos son trampolín y pedestal para impulsar a personajes hacia candidaturas de mayor relevancia. El PRI de Madrazo fue el mejor ejemplo, pero lo fueron también el PRD y Morena de Andrés Manuel, y qué decir del PAN de Madero o de Anaya.

El líder juega el ajedrez partidista para el fortalecimiento de su imagen personal, de sus ambiciones políticas y de la construcción de alianzas y allegados que sirvan después para apuntalar sus aspiraciones. Hay excepciones a esta tendencia, pero son las menos.

Carecen por completo de estructuras auténticamente democráticas, foros, asambleas, consejos donde se discuta y debatan posicionamientos y corrientes de pensamiento. Aunque existen en estatutos y organigramas, en general son cosméticos, y su función es respaldar la decisión e instrucción del líder.

Su más grave falta en 15 años de transición, ha sido su incapacidad total para la autocrítica, para el autoexamen y la autoevaluación que determine las causas de los errores y asuma caminos abiertos, plurales de corrección.

Al paso del tiempo, cobran cada vez mayor distancia del ciudadano común. Todos dicen en campañas y mensajes que su razón de ser es la ciudadanía, su mandato, su representación verdadera. Pero en la realidad esto no sucede, porque los partidos obedecen a sus propias lógicas de poder y posicionamiento. Más curules, más gobiernos, más municipios. Más control de presupuesto. Más presencia territorial. Más victorias en el marcador, como si de pizarra de estadio se tratara.

Sostienen y protegen un sistema de financiamiento y de comunicación política que traiciona al pueblo que afirman representar. Los niveles de pobreza en México son insostenibles a lado del derroche en miles de millones para organizaciones burocráticas, partidistas y de manipulación electoral. Es inmoral su comportamiento, es antiético. Lo saben, pero el cinismo se ha apoderado de ellos.

Vea usted el Sexto Informe de Moreno Valle en Puebla. ¡Insultante, ofensivo!

Gastan miles de millones en campañas, spots, espectaculares, revistas y medios de todo tipo, a costa del presupuesto público que debiera destinarse primordialmente a generar empleo, a mejorar el deteriorado sistema de salud pública, a impulsar la reforma educativa para que se implemente al 100 por ciento antes de terminar esta administración. En contraste, campañas, mensajes, panfletos, radio, televisión, prensa al vergonzoso servicio de gobernadores y funcionarios, siempre y cuando alcance el presupuesto.

La partidocracia instituida a mediados del gobierno 'del cambio' (ja, ja, ja) de Vicente Fox, ha determinado las reglas, las normas, los marcos legislativos, el funcionamiento del INE, los presupuestos inconmensurables. Ellos legislan, ellos se protegen, ellos dan la espalda a la ciudadanía, aunque inflan la retórica ciudadana de representación popular.

Los partidos pueden enfrentarse en campañas, sostener debates –en su mayoría ficticios– frente a la ciudadanía. Acusar a unos de corruptos y otros de poco transparentes. Al final de la campaña, del gobierno o la jornada, acaban pareciéndose indefectiblemente, actuando de forma muy semejante. En el anterior periodo legislativo, abiertas las investigaciones especiales del caso Monex (PRI), Oceanografía (PAN) y Línea 12 (PRD), votaron los tres partidos mayoritarios –de entonces, porque ya cambió la correlación de pesos– para cerrar las tres investigaciones y no afectar a ninguno de los partidos. ¡Ejemplar!

A pesar del avance de algunas instituciones a favor de la apertura y la transparencia, los partidos son el Triángulo de las Bermudas. No sabemos lo que gastan, cómo lo gastan, quienes ganan o reciben contratos, ni cómo reparten los dineros públicos que una ley electoral defectuosa les entrega a manos llenas. No rinden cuentas ante nadie, aunque se diga que el INE los audita y revisa, la verdad es que gastan de la forma que más les conviene.

Cuando aparece un escándalo de un personaje corrupto en un partido, la propia organización debiera ser la primera en señalar, separar, ordenar una investigación total. Y aunque lo declaran hábiles en la retórica, jamás sucede. ¿Qué pasó con el comité de transparencia interna que Ricardo Anaya (PAN) encomendó a Luis Felipe Bravo Mena para investigar los 'moches'? Nada. Ni un reporte, ni una auditoría, ya no digamos una acusación o un político tramposo expulsado del partido. Nada.

Muchas veces hemos afirmado que su desempeño en el ejercicio del poder los asemeja, los iguala, los hace idénticos en la impunidad, en la complicidad, en el ejercicio nacional de cubrir y taparse unos a otros.

Hoy México enfrenta un desafío enorme. No sólo la vecindad adversa que se formaliza mañana en Washington, sino “el fin de la gallina de los huevos de oro”, la era petrolera en su agonía, la corrupción que pretende llevarse todo, la bandera si pueden.

O los partidos se transforman en otra cosa, o estarán llamados a representar marginalmente a la sociedad.

Twitter: @LKourchenko

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