Opinión

La Cumbre de Panamá, el espacio que México y EUA no pueden dejar pasar

09 abril 2015 5:0
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Panamá. (Reuters)

La VII Cumbre de las Américas, que se celebrará a partir de mañana y hasta el sábado en Panamá, será una reunión histórica por la participación de Cuba, Estado al que se expulsó en 1962 de la Organización de los Estados Americanos (OEA), y que desde entonces ha estado fuera del sistema interamericano. El año pasado, tras anunciar la reanudación de relaciones entre Estados Unidos y Cuba, había la esperanza de que el encuentro serviría para cerrar la brecha ideológica entre ambos países y fortalecer las relaciones de EUA con los países de la región.

Este optimismo inicial se ha matizado. Varios titulares de prensa y editoriales en el mundo ahora se centran en la crisis diplomática entre Estados Unidos y Venezuela, que desencadenó la imposición de sanciones a siete funcionarios venezolanos. Este enfrentamiento ha provocado críticas de varios gobiernos de la región hacia el gobierno estadunidense, en especial de los países del ALBA, por la “intervención” de Estados Unidos en los asuntos internos de Venezuela, cuando de hecho es el único actor que se ha pronunciado abiertamente a favor del respeto de los derechos humanos en el país sudamericano.
Éste es un momento crucial en las relaciones interamericanas.

Esperemos que la discusión no se centre sólo en esta crisis diplomática. La cumbre llega en una coyuntura en que la mayoría de los líderes del continente –de Dilma Rousseff en Brasil a Michelle Bachelet en Chile– están debilitados: abrumados por problemas de gobernabilidad y corrupción, con bajos niveles de aprobación y con mucha incertidumbre por el desempeño a corto y mediano plazo de sus economías. Si bien a principios de este año el Latin American Economic Outlook estimaba que las tasas de crecimiento del PIB en la región serían modestas –entre 2 y 2.5 por ciento– recientemente la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (Cepal) disminuyó sus previsiones a 1 por ciento. Si se analiza por subregión el informe de la Cepal, Sudamérica será la más afectada (0%), por la caída de los precios internacionales de sus materias primas de exportación, y Centroamérica (4 por ciento) y el Caribe (casi 2 por ciento) las que tendrán posibilidades de crecer.

Falta determinar aún como repercutirá en varios países centroamericanos y caribeños la reducción de los subsidios al petróleo por parte de Venezuela.

La política de Obama hacia Latinoamérica ha debido sortear relaciones complicadas con países que reclaman atención y apoyos para resolver sus problemas, pero que al mismo tiempo denuncian su injerencia desmedida. A pesar de la dificultad que supone lidiar con un continente fragmentado, sería un desacierto más grave descuidarlo. Los vacíos de poder que dejan por el momento Venezuela y Brasil podrían llenarse por otros actores extracontinentales como China y Rusia. El primero ha demostrado que tiene interés y recursos para aumentar su influencia en la región: es el principal socio comercial de Brasil, Chile y Perú, el segundo de Argentina, México y Venezuela y, más importante aún, es uno de los principales acreedores de la región.

Ante estas circunstancias, México tiene posibilidades inéditas para formular una política exterior asertiva hacia la región. Entre los países más debilitados actualmente están Argentina, Brasil y Venezuela, quienes han desconfiado del panamericanismo y proponen mecanismos alternativos de integración subregional –como ALBA, Unasur y Mercosur– que dejan fuera a Washington y a México. La Cumbre de las Américas en Panamá es una buena oportunidad para que México desempeñe un papel de primer orden, al recuperar iniciativas diplomáticas audaces y pragmáticas que ha tenido en el pasado con respecto a los problemas del continente, como el lugar de Cuba en el sistema interamericano.

A pesar de que he expresado mi escepticismo sobre la OEA, las circunstancias actuales del continente podrían servirle al organismo regional más antiguo del mundo para dejar atrás el apelativo de “ministerio de colonias” de EU y convertirse en el foro necesario para discutir, a partir de la pluralidad y la representatividad de sus miembros, los problemas más apremiantes de la región en el espíritu de cooperación.

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