Opinión

La “cumbre” de la foto

Dolores Padierna

El breve encuentro entre los tres mandatarios de Canadá, Estados Unidos y México en Toluca, Estado de México, el 19 de febrero, resultó un encuentro anticlimático.

Desde antes de su realización, dijimos que sería una “cumbre para la foto” porque ninguno de los temas que más importaban a los intereses de México estaban en la agenda. Ni la migración, ni el tema del espionaje ni compromisos claros de Estados Unidos en materia de combate al crimen organizado y al tráfico de armas estaban en la agenda previa.

Tan anticlimático resultó el encuentro trilateral que algunos medios lo bautizaron como “la cumbre del chorizo” por lo insustancial de lo acordado y la expresión del mandatario estadounidense, Barak Obama, cuando afirmó en rueda de prensa que sólo acudió por “asuntos de negocios” y no le dio tiempo ni de probar “el legendario chorizo mexiquense”.

Desde el principio, la cumbre fue anticlimática para el gobierno de Enrique Peña Nieto y para los intereses de México por las siguientes razones:

a) La primera declaración de Obama fue sobre la grave situación política interna de Ucrania, una nación que no tiene nada qué ver con México, ni con el contexto de la situación trilateral. El mandatario de Estados Unidos tenía la mente en asuntos geopolíticos imperiales como Siria, Venezuela o su enfrentamiento con su homólogo ruso, Vladimir Putin.

b) Ni Obama ni el primer ministro de Canadá, Stephen Harper, respondieron a las demandas mexicanas en materia migratoria. Obama sólo dijo que la reforma migratoria es “una de mis prioridades”, pero no pronosticó si este año se aprobará en el Congreso. Harper se negó a modificar la política de visado de Canadá hacia los mexicanos. El mandatario mexicano Enrique Peña Nieto no hizo reclamo alguno frente a estas negativas persistentes. El gobierno de Obama ya fue considerado por la revista The Economist como la administración que mayor número de deportaciones ha hecho contra trabajadores indocumentados, la mayoría de origen mexicano.

c) El único tema relacionado con la movilidad fue en relación con los bienes y productos, no con las personas, y con facilidades para el transporte de ejecutivos y profesionales. Acordaron impulsar un plan de transporte de América del Norte, sobre todo de carga. Dijeron que facilitarán el tránsito de personas a través del programa “Viajero confiable” –que no beneficia a los migrantes laborales– y de otros programas como NEXUS, Global Entry y Sentri.

d) Sobre el tema fronterizo, el único acuerdo fue en materia de “simplificar y armonizar” requisitos aduanales. Aquí no se ha expresado la posición mexicana. Sería bueno conocer los alcances de este punto porque la opacidad es una de las características de estos acuerdos.

e) En materia de seguridad y combate al narcotráfico no hubo nada en concreto. En rueda de prensa afirmaron que mantendrán un “diálogo estratégico” sobre la seguridad. Obama admitió los “sacrificios de los mexicanos” en la guerra contra el narcotráfico, pero no se comprometió a ningún operativo contra el tráfico de armas o mecanismos puntuales contra el lavado de dinero.

f) Estados Unidos no dio explicación alguna sobre el tema del espionaje y el gobierno mexicano evitó mencionar el asunto, como si tratara de evitar cualquier diferencia sustancial en medio de un ambiente de cordialidad para el consumo mediático.

g) En torno a las reformas peñistas sólo hubo “palomeo” y expresiones de beneplácito, en especial, en relación con la reforma energética. Ya desde antes, la prensa estadounidense se ha dedicado a considerar a Peña Nieto como un “salvador” de México (Time) o a presionar para que ninguna consulta popular pueda afectar los intereses de las grandes trasnacionales petroleras (The Wall Street Journal).

Hasta ahora, los mexicanos no tenemos información sobre los alcances de la agenda trilateral en materia del acuerdo transpacífico (TPP) ni en materia bilateral sobre la Iniciativa Mérida, que el gobierno de Barak Obama pretende revivir.

Lo insustancial del encuentro se empata con la opacidad de lo negociado. Los mexicanos merecemos y necesitamos saber exactamente qué compromisos se gestaron y no sólo quedarnos con la anécdota del “legendario chorizo” de Toluca.