Opinión

La culpabilidad que conlleva ser joven

 
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Óscar Montes de Oca. (Cuartoscuro)

Pareciera una representación del Dante o una modalidad de Chabrol: de principio a fin se trata de quebrar al espíritu mejor dotado para enfrentar la adversidad. El delito: ser inexperto, es decir, ser joven.

En una acuciosa, aguda entrevista, Joaquín López Dóriga entrevistó al estudiante Óscar Álvaro Montes de Oca, quien acababa de ser liberado después de haber pasado una semana de horrores.

Paso a paso, el auditorio se fue enterando de cómo cualquiera de nosotros, sobre todo si se es joven, puede ser introducido a un infierno sin saber que eso –presumiblemente–, va a formar parte de una cuota exigida por algunos jefes para cubrir un negro expediente.

Óscar relata su llegada al Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México después de haber tenido una breve estancia en Colombia. Su mochila no aparece y él da parte a la aerolínea para recuperarla. Es enviado a plantar su queja con las autoridades quienes ya tienen en su poder una valija en la que está adherido su nombre. El estudiante señala inmediatamente que esa no es su maleta. Las autoridades aduanales no le hacen caso y lo someten a un breve interrogatorio que se convierte en algo mayor en una habitación reservada y en donde hay una media docena de agentes que lo acosan con todo tipo de preguntas. A pesar de que él rechaza la pertenencia, lo intimidan hasta decirle que tan sólo se trata de un simple trámite administrativo. Le piden abra la maleta. No tiene cómo hacerlo ya que carece de la llave de algo que no le pertenece. Los agentes se valen de un desarmador para abrirla y ¡oh sorpresa!, la encuentran llena con 20 kilos de cocaína.

El joven ya recibe un trato diferente. Es sometido a bajar la cabeza, ver hacia la pared y aguardar a que lleguen otros agentes para llevarlo a la sección de la Procuraduría General de la República encargada de esos delitos, la SEIDO.

Esposado es conducido en avión hasta Guadalajara y de ahí en automóvil hasta Nayarit. En ningún momento se le permite hacer una llamada telefónica a sus padres para informar la situación en que se encuentra.

Así, de golpe y sin darle tiempo a respirar, ya es convertido en peligroso delincuente. A su llegada al penal es sometido y desnudado. López Dóriga recurre a su experiencia para que Óscar nos cuente momento a momento y extienda ante nosotros el horror de su condición, de esa impotencia que crece conforme le piden, exigen se declare culpable de una aberración. La humillación se ve coronada cuando le cortan el cabello hasta raparlo y así ficharlo. El joven universitario no se desinfla, no se declara vencido y obtiene lo que parecía imposible, hacer una llamada telefónica con sus padres. Una especie de sosiego le permite afrontar lo que sigue: días de negrura y desesperación. Se sabe inocente y tiene que convivir con acusados de robos y asesinatos. Su vida anterior dejó de existir. Lo rodea la infamia, el temor, la consternación, la impotencia.

¿Por qué obran así sus captores, qué desean, cómo llegó a esa tribulación?

Hasta el momento no lo sabemos; lo que sí tenemos claro es que antes de presumir culpabilidad, se debiera saber que todos somos inocentes hasta que no se pruebe lo contrario. Bueno, así debiera ser.

Óscar Álvaro Montes de Oca ha sido liberado ya que sus compañeros influyeron en forma eficaz ante la opinión pública; lograron lo que no ha podido ocurrir con Lilia Angélica López Negrete, presa desde el 12 de abril pasado en el penal femenil de Santa Martha Acatitla por una supuesta introducción de drogas al país. Su arresto se dio en condiciones semejantes a las de Álvaro. Ella es estudiante en la escuela de iniciación artística del INBA y como tal, aceptó una invitación que le hizo un profesor para acudir a un casting en Colombia. Ella relata que cuando al regresar a México llegó al aeropuerto su maleta demoró muchísimo y cuando la tuvo en sus manos, le advirtieron que resultaba sospechosa; la llevaron a un cuarto para una revisión; la tuvieron esposada y finalmente fue llevada también a la Procuraduría. Fue enviada al penal de Nayarit y finalmente al penal femenil.
¿Qué tan culpable es la joven Lilia Angélica quien fue a Colombia a una prueba de danza folclórica?

La procuradora Arely Gómez ha llamado al padre de Angélica para informarle que personalmente revisará su caso y se reunirá con él en las próximas horas.

Ya han pasado ocho meses de reclusión…

Twitter: @RaulCremoux

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