Opinión

La crítica, contrapeso del poder

 
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Módulo especial Julio Scherer

Para que se produzcan los cambios primero debemos nombrarlos. México vive en democracia (defectuosa, en construcción) desde el 2000, año de la alternancia. ¿A partir de cuándo comenzó a ser tan necesaria que tuvo que ser enunciada? Octavio Paz publicó Posdata en 1970. Su ensayo provocó “resentimiento político y minusvaloración intelectual”, a decir del politólogo Carlos Ramírez, autor de Posdata a Posdata (Centro de Estudios políticos y de seguridad nacional, 2016). Ese pequeño libro de Paz “fue el primer esfuerzo de sistematización de una crítica al sistema político, al régimen de gobierno y al Estado corporativo”.

Contenía, además, una demanda inédita en nuestro país: la reforma democrática del régimen, porque “sólo en una atmosfera realmente libre y abierta a la crítica podrán plantearse y discutirse los verdaderos problemas de México”.

A mediados de los años sesenta el sistema político estaba en la plenitud de su poder. El dominio presidencialista era absoluto. No vivíamos en una dictadura perfecta, como diría Vargas Llosa 20 años más tarde, pero sí bajo un férreo sistema autoritario. Había partidos de oposición, pero dos de ellos eran satélites del PRI y el PAN desempeñaba el papel de “oposición leal”, sin proyecto para acceder al poder; el PCM estaba proscrito. Se toleraban reducidos espacios críticos, con los que el régimen se legitimaba. La disidencia sindical era ferozmente reprimida. El sistema controlaba la generación y la difusión de ideas a través de la educación (y su instrumento ideológico: los libros de texto gratuitos), la censura en los medios de comunicación, la venta controlada de papel y el dogmático discurso oficial. El milagro mexicano nos hacía crecer a un 7 por ciento hoy impensable. Teníamos una Olimpiada en puerta, pero la maquinaria comenzó a fallar. En 1968 se anunció que la Universidad dejaría de otorgar pase directo a sus egresados a puestos en el gobierno. Ese mismo año los estudiantes –sin expectativas de futuro, desempleados– salieron a las calles. El edificio dejó ver sus primeras grietas.

En su correspondencia diplomática con el secretario Carrillo Flores, Octavio Paz, en ese momento embajador de México en la India, hizo un certero análisis del momento: “no se trata de una revolución social… sino de realizar una reforma de nuestro sistema político. Si no se comienza ahora, la próxima década será violenta”. El gobierno, en vez de abrir nuevos espacios, reaccionó con la matanza del 2 de octubre.

Paz puso a disponibilidad su cargo como embajador. El año pasado, a raíz de un reportaje, se volvió a poner en cuestión si Paz había realmente renunciado o no. Se trataba de mostrar que Paz había seguido siendo un hombre del sistema. Esa mirada miope quizá debió levantar la vista y registrar lo que hizo Paz luego de su separación del cargo: en 1969 dictó una conferencia en Austin en la que pidió la reforma democrática del sistema político, en 1970 publicó Posdata, en 1971 organizó reuniones tendientes a la creación de un nuevo partido de izquierda (con Luis Villoro, Heberto Castillo, Demetrio Vallejo), y en 1972 creó Plural, en el Excélsior de Julio Scherer.

Paz no fue, por supuesto, el primero en intentar describir el sistema político mexicano ni el primero en hablar de la democracia en nuestro país. Existen varios antecedentes: Daniel Cosío Villegas, La crisis de México (1947); José Revueltas, México: una democracia bárbara (1958); Enrique González Pedrero, El gran viraje (1961); y Pablo González Casanova, La democracia en México (1967). Posdata de Octavio Paz fue más allá del mero análisis crítico del sistema. Su libro plantearía un dilema: reforma democrática o estancamiento político.

Posdata es un breve libro saturado de ideas audaces, como esta: “El Estado no es tanto la expresión de la clase dominante sino que ésta es el resultado de la acción del Estado; y el PRI está incrustado en el capitalismo mexicano, pero no es el capitalismo mexicano”. Propuso, y esto nunca ha sido estudiado, la continuidad entre el Tlatoani, el Virrey y el Señor Presidente. Delineó los límites autoritarios del sistema, entre ellos uno central: el poder del presidente es total, pero sólo por seis años.

Ante la pobreza y marginación exigió “otro modelo de desarrollo”. Es importante destacar que Paz, al proponer la reforma democrática, no se refería a la libre competencia de partidos ni a un órgano electoral autónomo, sino a la democratización del PRI, y sobre todo, a la tolerancia de la crítica. “Para Paz –dice Ramírez– la esencia de la democracia era la crítica, la crítica del poder, la crítica a la historia. La crítica era el verdadero contrapeso del poder”. Lo era en 1970, lo sigue siendo hoy.

Twitter:@Fernandogr

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