Opinión

La crisis en Ferguson y la excesiva cautela de Obama

El 9 de agosto, en Ferguson, Missouri, un policía asesinó a Michael Brown, un joven negro de 18 años que no estaba armado. Hay diferentes versiones de lo que ocurrió. Para la autoridad, Brown agredió a golpes al policía cuando fue detenido tras un reporte de robo, para los testigos, el joven no agredió al policía y fue ejecutado con las manos en alto.

Ferguson es un suburbio empobrecido de Saint Louis de 21 mil habitantes, en su mayoría afroamericanos. Tras el asesinato de Brown se han registrado importantes manifestaciones de protesta, algunas pacíficas, otras violentas, así como actos de vandalismo. La respuesta policiaca ha sido desproporcionada: se anunció un toque de queda, se desplegaron oficiales armados con equipo militar, se emplearon gases lacrimógenos y se registraron varias detenciones, incluso de periodistas. La falta de atención oportuna a las quejas de la comunidad, mayoritariamente negra, y la insensibilidad para comprender el efecto explosivo por la violencia policiaca, contribuyó a que las manifestaciones fueran más numerosas y los activistas más contestatarios.

La reacción pública del presidente Obama ha sido notablemente cautelosa considerando la gravedad de la situación y las imágenes de violencia y represión que se están presentando. Obama calificó la muerte de Brown como un incidente aislado y localizado e hizo un llamado escueto al diálogo y a la mesura: “Busquemos sanar en vez de abrir heridas […] en este caso específico, mi responsabilidad es asegurar que [la investigación] sea conducida de forma transparente, haya rendición de cuentas y el proceso sea confiable”. El lenguaje lacónico del presidente estadounidense constituye una decisión política de la mayor trascendencia. Parece ser que lo ocurrido en Ferguson es un hecho menor que no amerita su intervención o un debate nacional sobre la cuestión racial o la violencia policiaca. En sus palabras no hay intención de corregir las enormes brechas entre blancos, negros e hispanos respecto a la impartición de justicia, el nivel de ingreso o el acceso a la educación, las cuales se han agudizado a raíz de la crisis económica. Tampoco ha querido poner a discusión la brutalidad generalizada de las fuerzas del orden y el uso creciente de armas y vehículos militares para actividades policiacas.

Es momento de recordar que como precandidato demócrata, Obama se enfrentó a la crisis más profunda de su campaña al difundirse declaraciones incendiarias de su entonces pastor, el reverendo Wright, quien habló de Estados Unidos como un Estado racista en el que los negros eran tratados “como si fueran infrahumanos”. En respuesta, Obama pronunció un discurso brillante y arriesgado, en el que subrayó que las declaraciones de Wright eran erróneas y divisivas, pero que reflejaban la historia dolorosa de siglos de esclavitud, segregación y discriminación de la comunidad afroamericana. Decidió entonces no distanciarse de su pastor ni descalificar sus declaraciones, pero apostó por explicar que sus palabras reflejaban un resentimiento vinculado con la desigualdad de oportunidades que era necesario atajar. Señaló que “el grave error del reverendo Wright no fue hablar de racismo en nuestra sociedad, sino hablar como si nuestra sociedad fuera estática; como si no hubiese habido ningún progreso […] como si estuviésemos atados irrevocablemente a un pasado trágico. Pero lo que sabemos –y lo que hemos visto– es que América puede cambiar”. El discurso, conocido como Speech on race, salvó su campaña y favoreció su triunfo electoral.

Varios años después, Obama parece menos dispuesto a correr riesgos: la sociedad se encuentra muy polarizada y su administración parece tener otras prioridades. La tragedia de Ferguson abrió una ventana de oportunidad para impulsar leyes y políticas públicas que tiendan a reducir desigualdades, en especial entre las minorías raciales, y a examinar los mecanismos de reclutamiento, entrenamiento y operación policiales.

Lamentablemente parece que Obama decidió dejar pasar esta oportunidad y agregarla a las batallas políticas que ha decidido no emprender.

Twitter: @lourdesaranda

La autora es internacionalista y exsubsecretaria de Relaciones Exteriores.