Opinión

La credibilidad del gobierno

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Joaquín Guzmán Loera

Salvo un par de detalles técnicos menores, la conferencia de prensa del secretario de Gobernación fue impecable. Dijo lo que tenía que decir y lo dijo bien, pero sirvió de poco.

El problema está en que el gobierno perdió credibilidad y esa no se recupera con discursos ni con ruedas de prensa, por más abiertas que sean.

Ahí está el drama del gobierno: no tiene quién le crea, aunque diga la verdad.

Para el gobierno se agotó el bono que le dieron las reformas y esa notable capacidad de concertación política mostrada en el Pacto por México, y llegó el momento de los hechos.

Ningún discurso, por vehemente que sea, va a borrar la afrenta de la huida del Chapo Guzmán delante de 750 cámaras de circuito cerrado de televisión en un penal de alta seguridad.

No vienen al caso los señalamientos “al pasado” para justificar deficiencias actuales, pues el tiempo de culpar a la administración anterior ya pasó y se han tenido casi tres años para corregir los errores y señalar culpables.

Lo que diga ahora el gobierno no se va a creer, y en la desconfianza y el escepticismo comienzan a aparecer teorías alucinantes de la fuga, como si la realidad no fuese por sí misma asombrosa.

Todas las malas yerbas florecen en el terreno abandonado de la credibilidad gubernamental. Lo que se diga puede ser dado por bueno, como esos señalamientos que habría hecho la DEA sobre intentos de fuga previos del Chapo Guzmán.

Mucha gente está dispuesta a creer incluso en la heroicidad del Chapo porque así se lo pintan algunos analistas de mucho renombre, en cuyas narraciones subyace la admiración por el criminal que se pudo burlar del gobierno.

“Gracias al Chapo” hay material para burlarse del presidente, de sus colaboradores y fuerzas de seguridad, a la vez que se realiza una soterrada apología del delito.

El gobierno tiene que revertir esa tendencia y entender que está en un problema mayor que necesita de soluciones de gran calibre, no sólo de discursos y pronunciamientos drásticos contra el criminal.

No puede permitirse que por fastidiar a Peña Nieto se alabe al Chapo. Eso es veneno para la población, especialmente la más joven y la niñez.

La actual situación de acoso en que se encuentra sometido el presidente, puede transformarla a su favor y convertir al actual en el gran momento para relanzar su gobierno.

Un gabinete “base cero”, escribía ayer Pascal Beltrán del Río en Excélsior. Es decir que se vayan todos y se ratifique únicamente a los que han dado resultados y estén en condiciones de tener interlocución con los sectores de su competencia.

Es que el problema no está únicamente en las áreas de seguridad, donde fueron reprobados por el Chapo, sino en buena parte del gabinete presidencial. No hay credibilidad.

Así no puede funcionar un gobierno, ni aspirar a que le crean, aunque diga la verdad.

​Twitter: @PabloHiriart

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