Opinión

La Corte, la reforma energética y el PRD

El PRD –o lo que queda de él– cercará hoy el Palacio Legislativo de San Lázaro para evitar que los diputados accedan al recinto y aprueben las leyes secundarias de la reforma energética.

Ya se sabe que ese ejercicio es, además de inútil, costoso en términos políticos para el perredismo.

También intentarán tomar la tribuna pues su débil coordinador parlamentario no tiene el consenso de todos los grupos o tribus, que lo rebasarán graciosamente. Y por la derecha.

El caso es que el PRD, amenazado no por el PRI ni por el PAN, sino por su hermano menor, el Movimiento de Regeneración Nacional (Morena), el partido de Andrés Manuel López Obrador, le urge una bandera para no perder adeptos.

Y esta es, desde hace meses, cuando el registro de Morena era inminente, el PRD se abrazó –entendemos que por convicción y conveniencia– a la oposición a la reforma energética y al impulso de la consulta popular para revertirla.

En diciembre pasado, luego de la reforma constitucional en la materia, los senadores del PRD, en su carácter de ciudadanos, pidieron a la Suprema Corte de Justicia de la Nación (SCJN) que se pronunciara sobre la constitucionalidad de la consulta popular.

El 27 de marzo pasado, la Corte rechazó la petición y evitó pronunciarse sobre el tema debido a que no se habían aprobado las leyes secundarias.

Concluida la aprobación de las leyes secundarias, el PRD acudirá inmediatamente a reponer el proceso, vía la Cámara de Diputados, que es la responsable de pedir a la Corte su aval para la consulta.

El PRD se ha dedicado por lo menos desde octubre pasado a recolectar firmas en contra dela reforma energética. En diciembre habían presentado a la Corte paquetes con 1.7 millones de firmas para respaldar su petición.

Pero ese no es el problema.

El verdadero debate sobre la reforma energética, una vez aprobadas sus leyes reglamentarias, será determinar si efectivamente estas leyes son sujetas de una consulta popular.

De acuerdo a la Constitución, los temas que no son sujetos a la consulta popular son restricciones a los derechos humanos y la materia electoral, así como los temas referentes a ingresos y gastos del Estado, la seguridad nacional y la organización, disciplina y funcionamiento de las Fuerzas Armadas.

En sus discursos antireforma energética, el coordinador de los senadores del PRD, Miguel Barbosa y los miembros de la dirigencia nacional, presumen como un hecho que habrá consulta sólo porque ya tienen el número de firmas requerido.

Falso.

Si bien la compilación de firmas es un requisito muy importante, queda en manos de la Corte determinar si, efectivamente, la reforma energética, tratándose de un tema de interés nacional, efectivamente, pero que afecta los ingresos y egresos del país, es sujeta de la consulta.

Si es constitucional o no, pues.

Y en ese lance, el PRD se juega su resto para 2015.

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Al final de cuentas, el pataleo del sindicato petrolero por las condiciones impuestas por los diputados para que se modifique su contrato colectivo de trabajo –es decir, que se adelgace para reducir sus costos–, será simplemente una pose para la tribuna.

Desde hace meses se viene negociando dicho adelgazamiento pero, como ocurrió con los sindicatos del IMSS y del ISSSTE, las nuevas reglas aplicarán para los nuevos trabajadores ya sea de Pemex o de las empresas que se interesen en el sector y firmen un contrato con el sindicato petrolero que, por lo demás, casi casi reclama exclusividad.

Pero no se la dieron.

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El que amanece hoy en New York es el gobernador de Chiapas, Manuel Velasco Coello, quien se reunirá en la sede Naciones Unidas con las autoridades del Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD).

El objetivo de la reunión del chiapaneco y funcionarios de la ONU es posicionar la imagen de buen gobierno en el estado y los logros de los Objetivos del Milenio, acordados en el año 2000.

También se analizarán programas e indicadores en materia de salud, educación, empleo y medio ambiente en Chiapas.

Y por lo que se ve, Velasco lleva material para presumir.

A ver.