Opinión

La corrupción y la democracia

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Depositando el voto. (Cuartoscuro/Archivo)

¿Es México una democracia corrupta? ¿Es esta pandemia llamada corrupción la que en su amplio espectro ha pervertido a la propia democracia?

Sin duda este fenómeno ha invadido al gobierno, a la política, a la sociedad, a las relaciones económicas, a las prácticas de la sociedad y al propio pacto social que vincula a la sociedad civil entre sí frente a su gobierno. Sus alcances no llegan a permitir que surta efecto el fenómeno de la consolidación de la democracia como “vacuna” a la corrupción, a pesar de que ésta se ha fortalecido más allá del aspecto meramente electoral, con trasparencia, Estado de derecho, rendición de cuentas, de oposición de pluralidad, de la masificación de los medios de comunicación, etcétera.

La madurez de la sociedad y la adecuación de las instituciones ha tenido que ir más allá para que la vacuna llegue a surtir efecto, para mejorar la gestión de la propia democracia, que más bien tiende a aceptar que la vacuna no ha sido efectiva porque ha ido acompañada de su propio antídoto: la impunidad.

Considero como elemento fundamental que si bien es urgente una “revolución moral”, sobre todo en el ejercicio de la política, es un acierto el que se haya logrado una reforma para crear un Sistema Nacional Anticorrupción, la cual aborda mecanismos para que atacando la impunidad, ésta deje de ser una práctica permitida, lucrativa y además en muchos casos celebrada como una especie de virtud del servidor público.

La coyuntura la disminuye en sus alcances, coyuntura de intolerancia y de hartazgo social profundo, pero hay que decirlo, no es un fenómeno reciente.

En la analogía de Mathew McCubbins y Thomas Schwartz (Congressional Oversight Overlooked: Police Patrol versus Fire Alarms”, 1984 en Luis Carlos Ugalde Rendición de Cuentas y Democracia. IFE, 2002) con respecto a los incendios señalan que la ciudad tiene dos opciones: estacionar un carro de bomberos en cada esquina para que al primer indicio de humo acuda el carro más cercano y apague el siniestro; o bien, colocar una alarma de incendio en cada esquina para que los vecinos la activen en caso necesario.

Luis Carlos Ugalde señala que en México se ha optado más por colocar carros de bomberos en cada esquina en lugar de involucrar a la sociedad en la labor de vigilar el desempeño de sus gobiernos y activar alarmas cuando haya indicios de corrupción y comportamiento oportunista.

Sin duda falta mucho por hacer para que la ciudadanía pueda detectar el humo, sin embargo, se han dado pasos importantes en este sentido con la reciente reforma, tales como la Fiscalía Especializada en Delitos de Corrupción, entidad que ahora será autónoma del Poder Ejecutivo (aunque subordinada a la Fiscalía General de la República que entrará en vigor en 2018); la ratificación del Senado para el secretario de la Función Pública; la declaración de posibles conflictos de interés de los funcionarios públicos, ligada también a la declaración patrimonial; la realización de auditorías en tiempo real y también de forma individual sobre el ejercicio del gasto; la atracción de la Auditoría Superior de la Federación sobre posibles desvíos a nivel local, así como la creación de un nuevo Tribunal de Justicia Administrativa autónomo (magistrados designados por el Senado a propuesta del titular del Ejecutivo), encargado de sancionar faltas graves y actos de corrupción, entre otras medidas.

Trabajemos juntos por evitar los incendios, por detectarlos a tiempo, por empujar una renovación moral, porque nuestra joven democracia depende de ello.

Twitter: @SamuelAguilarS

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