Opinión

La corrupción, nuestra obsesión

    
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Enrique Peña Nieto

¿Cuántos problemas de este país tienen de fondo a la corrupción? La respuesta planteada por el presidente Enrique Peña Nieto es inquietante por el lugar donde está parado el país en esta materia, por el sexenio que vivimos lleno de escándalos y sobre todo porque hemos aprendido que la corrupción mata.

“Cualquier cosa que ocurre hoy en día es por la corrupción, casi casi si hay un choque aquí en la esquina: ‘ah, es la corrupción’; algo pasó en el semáforo: ‘¿quién compró el semáforo que no funcionaba?’ Hemos tenido los ejemplos de socavones; a ver, pasan en todas partes del mundo; uno señalado, pero ha habido varios más. Y ahora vivimos estos sismos y detrás de cada evento quieren encontrar un responsable, un culpable y siempre es decir: ‘es la corrupción’. Cuando no necesariamente asiste el que detrás de algún evento, consecuencia de algo, tenga que ver la corrupción”, dijo el presidente Peña Nieto en el foro 'Impulsando a México: La fortaleza de sus instituciones', organizado por Grupo Financiero Interacciones en coordinación con EL FINANCIERO-Bloomberg.

La respuesta evidencia la manera en la que nos ven desde Los Pinos, nos leen como una sociedad incapaz de diferenciar entre un percance vial y un conflicto de intereses. Como una sociedad que mide de igual manera la irresponsabilidad de un conductor al pasarse un alto, que un socavón en una autopista recién inaugurada y con un proceso opaco en cada parte de su construcción, que costó la vida de dos personas. Así nos ven: la corrupción no está en todos lados, sólo está en nuestras mentes. Supongo que el Ejecutivo piensa que el día que dejemos de tener en la mente a la corrupción, desaparecerá, y todos esos indicadores que sitúan a nuestro país en los peores lugares se esfumarán, porque la corrupción no es un hecho, sino una interpretación mental de nosotros mismos.

Así que esa pareja de jóvenes en la delegación Benito Juárez que acababa de comprar su departamento hace menos de un año y se derrumbó por un fraude inmobiliario, que incluye firmas apócrifas de responsables de obra y autoridades delegacionales omisas, no señores, no se trata de corrupción, sino de un temblor y simplemente les tocó perder.

La respuesta presidencial desnuda nuestros peores miedos en la lucha anticorrupción. Minimizarla de esta manera es no entender la creación de un Sistema Nacional, es desconocer la raíz, burlarse de las víctimas. Ahora entendemos por qué urgía un #FiscalCarnal en una posición fundamental como la Fiscalía General, él entendería que la mente es la causa de una sociedad harta.

Después de esta declaración de intenciones del presidente en este tema tan sensible, uno imagina su reacción al uso de un helicóptero de las Fuerzas Armadas para trasladar a un senador a un campo de golf. Las reacciones se mimetizan, la tranquilidad con la que contesta el senador priista Emilio Gamboa Patrón está en sintonía con la visión desde Los Pinos: “Me trasladaron al lugar donde estaba el señor presidente de la República. Reitero que acudí a una reunión de trabajo (…) Y después de haber trabajado jugamos (golf) un rato, reitero, y después volvimos a trabajar. Creo que el presidente tiene derecho a tener ratos donde pueda hacer lo que a él le gusta y es parte de lo que hace”.

Poco importa el uso de una aeronave oficial pagada con recursos públicos para el traslado de un senador un domingo por la mañana, eso no se discute, el presidente tiene derecho a divertirse.

Así que hoy amanecimos con una narrativa distinta, no sólo la corrupción es cultural, sino también está en nuestras obsesiones, somos una sociedad ridículamente reduccionista: todos los caminos llevan a la corrupción, ojalá al terminar el sexenio nos fuéramos todos y se quedara el mismo en Los Pinos. Otro México sería.

Twitter: @jrisco

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