Opinión

La corrupción, un
freno al desarrollo

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Corrupción

La corrupción es un tema de creciente interés y preocupación, no sólo en México, también a nivel internacional, por el costo que impone a las distintas economías. Mientras que durante algún tiempo se le consideraba como un “mal necesario” para que las empresas pudieran hacer negocios y permitir su operación normal, la evidencia confirma cada vez más que su costo para los países supera con creces sus aparentes beneficios.

Por ejemplo, el Centro de Estudios Económicos del Sector Privado (CEESP) estima que la corrupción tiene un costo para nuestro país de 1.5 billones de pesos al año, es decir de un millón y medio de millones de pesos anuales. Además, las empresas destinan 10 por ciento de sus ingresos a sobornos y “comisiones” para poder funcionar en el país. Imagínese la situación positiva que resultaría si estos recursos se pudieran dedicar a la inversión o a elevar los sueldos de empleados y de obreros en las empresas. Por su parte, la OCDE calcula que en un país de corrupción media las empresas dedican 20 por ciento de sus ingresos por costos derivados de este mal.

La corrupción tiene varios impactos negativos en las distintas economías, entre las que destacan: 1) aumenta los costos de operación de las empresas, lo cual reduce la producción y la generación de empleos; 2) propicia una mala asignación de recursos, lo cual baja la rentabilidad de las inversiones; 3) reduce la recaudación de impuestos de los gobiernos, lo que les dificulta otorgar servicios públicos y les orilla a imponer más cargas fiscales a los causantes cautivos, es decir “a los de siempre”; 4) la corrupción permite la operación de los que tienen más recursos, como pueden ser las actividades ilegales, destacando el contrabando y el narcotráfico, al mismo tiempo que castiga a las actividades legales; 5) dificulta o bloquea la inversión de largo plazo, al encarecer los distintos proyectos; 6) expulsa a empresas del sector formal, por tener que pagar impuestos más el cohecho de los distintos funcionarios e inspectores para poder operar; 7) se afecta principalmente a las pequeñas y medianas empresas, al contar con menos recursos legales y económicas para enfrentar la corrupción, etcétara.

Aunque se percibe a la corrupción como causa del subdesarrollo y de la mala distribución en los distintos países, no siempre se le identifica como lo que con frecuencia es: un efecto de disposiciones legales mal hechas que lo propician. Entre las mismas destacan: 1) los impuestos elevados y complejos; 2) los subsidios y reglas que se aplican con criterios subjetivos por parte de los distintos funcionarios públicos; 3) la aplicación poco transparente de leyes y reglamentos; 4) excesivos trámites para la entrada y funcionamiento de las empresas; 5) la existencia de monopolios y monopsonios en los mercados; 6) bajos sueldos a los funcionarios públicos, que los hacen más sensibles a presiones de corrupción; 7) falta de prensa libre, etcétera.

Un camino rápido para reducir la corrupción es la simplificación de trámites a las empresas y a los inversionistas, así como reglas claras y automáticas para las personas. Un ejemplo claro de cómo reducir la corrupción es el proceso de multas por exceso de velocidad en el Periférico en la ciudad de México, en donde una cámara fotográfica identifica a los vehículos que comenten la falta y se les manda la multa a los domicilios por correo. De esta manera se impide la relación entre el infractor y el burócrata encargado de imponer la multa como sucedía anteriormente. Procesos automáticos y reglas claras reducen la corrupción en todos los niveles.

Para facilitar el desarrollo del país se requiere reducir el nivel de corrupción que hay en el país, lo cual se puede lograr por medio de una verdadera reforma administrativa a todos los niveles del gobierno, que facilite la operación de las empresas y la actividad de los individuos.

* El autor es economista.

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