Opinión

La corrupción democrática

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Votaciones PAN, Cuarto

Se equivocan quienes creen, o quienes dicen, que el tema de estas campañas es la corrupción. El asunto central de estos comicios es el hartazgo. La esencia de este proceso electoral radica en la certidumbre de que la función ha comenzado pero que pase lo que pase, el final de esta comedia que algunos quieren presentar como drama es uno sólo: sea “mayor” o sea “menor”, el nuevo reparto del poder entre los partidos en nada cambiará nuestra realidad, caracterizada por la impunidad de los poderosos.

El entrecomillado de las palabras mayor y menor obedece a que nada hay en el panorama, nada en los protagonistas, que haga prever que eventuales variaciones realmente implicarán una modificación sustancial del statu quo.

La corrupción no es el tema, no puede serlo, porque nada de lo que está en juego incidirá en ella. Si el PAN se desploma, si el PAN repunta, si el PRI pierde un poco, si el PRI gana mayoría, si el PRD se achica (más), si el PRD resiste, si Morena crece, si apenas figura, si el PVEM consuma el atraco, si recibe castigo, si MC retiene su cuota… nada de lo que ocurra modificará el escenario de una Cámara de Diputados que dividida en tres grandes bloques siempre se las apaña para que nada que suponga un real riesgo para los partidos prospere.

La corrupción no es el tema porque en las elecciones estatales son excepción, y para nada la regla, los candidatos que medianamente y al menos en el papel suponen una amenaza de ajuste de cuentas con los gobiernos salientes (¿El Bronco en Nuevo León? ¿Enrique Alfaro en Guadalajara? Así, con signos de interrogación). Además, la experiencia enseña que incluso cuando parece que habrá justicia, cuando llevar a los tribunales es un imperativo ineludible (no es pleonasmo), nada relevante ocurre. Basta con ver lo sucedido en Tabasco, donde una verdad, que Andrés Granier está en la cárcel, no significa que se haya emprendido una limpieza profunda de la clase política que durante décadas robó a los tabasqueños. Y como ese hay muchos casos, ahí está Jalisco, o Morelos, o Chiapas, o Puebla… Alternancias inútiles en términos de justicia.

Mientras Dilma siente el fuego que produce la pesquisa en Petrobras, mientras el Partido Popular español tiene que encajar el golpe de ver a uno de los suyos pisar, así sea de manera momentánea, la cárcel, aquí los grandes casos judiciales no existen. En países como Brasil o España los procesos judiciales se pueden convertir en megaprocesos. En nuestro país es al revés: las denuncias nacen gigantes y con el correr de las investigaciones se vuelven pequeñas, los peces gordos resultan charales, Oceanografía deja de ser un caso que involucra volúmenes transatlánticos para convertirse en una red llena de agujeros por donde casi todos los que debieran ser juzgados escapan.

Qué más prueba quieren de que la corrupción no será el asunto de estos comicios que en pleno proceso electoral los partidos han parido, albricias, una nueva ley contra actos corruptos. Qué digo ley, ¡todo un sistema! De aquí a que tal cosa medio opere, seguro, y citando al clásico ratero que gritaba “al ladrón”, ya nos volvieron a saquear.

El tema será el hartazgo. Pero hasta eso está calculado por los políticos. Alimentan el hartazgo para producir apatía, o sea menos votantes; y así, poco concurridas pero habrá elecciones. Comicios que los políticos usarán como legitimidad para perpetuar el sistema donde ellos nunca pierden. Los ciudadanos se quedan con el hartazgo, y ellos con el sistema electoral perfecto: la corrupción democrática.

Twitter: @SalCamarena

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