Opinión

La COP21: la esperanza, la transición ordenada

 
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El planeta Tierra en una nueva foto de la NASA. (Cortesía)

¿Por qué todo mundo celebra desde el sábado con tanta euforia el acuerdo de la COP21 para combatir el cambio climático? ¿Es tan positivo lo acordado? ¿Cómo sabemos que este sí es el bueno? ¿Qué limitaciones tiene?

El aspecto más positivo es que el acuerdo tiene un periodo y una meta clave: para la segunda mitad de este siglo los países que firmaron se comprometieron a que dejen de existir las emisiones de carbono (o a que sean totalmente neutralizadas) y a que la temperatura del planeta no se eleve en promedio por encima de dos grados (con un propósito incluso más noble: que el límite sea 1.5 grados).

Al parecer la sabiduría se impuso. El acuerdo de París podrá implicar que para el año 2070 ya no se usen combustibles fósiles como las gasolinas. ¿Qué tan grave es esto? Las grandes compañías petroleras serán muy diferentes en cuestión de décadas, y no debe dudarse que algunas desaparecerán. En la comunicación oficial se lee: “La implicación no pudo ser más clara: los gobiernos realizarán acciones específicas para eliminar el petróleo, el gas y el carbón en los años por venir, con lo que la demanda se reducirá. Al mismo tiempo, crecerá la demanda por fuentes de energía limpia y renovable”.

Un aspecto muy relevante de esta cumbre fue que muchas empresas grandes se involucraron en el tema. El CEO de la alianza Renault-Nissan Carlos Ghosn lo visualizaba así: “Una transición ordenada es la que ocurre dentro de los sistemas financieros y económicos existentes. Ésta no amenaza ni preocupa a nuestro mercado económico y no requiere intervenciones agresivas por parte de los gobiernos, ni demanda un control centralizado”.

Pero, ¿y el dinero? Es parte fundamental del acuerdo. Los países más desarrollados aportarán cien mil millones de dólares a los países en vías de desarrollo cada año (a partir de 2020) para poder cumplir con esta meta. En adición, se espera que países emergentes y petroleros también contribuyan a este fondo.

El acuerdo no es perfecto, porque no hay sanciones para quien no cumpla, excepto por la vergüenza social que implicará no hacerlo, lo cual parece ser ya lo suficientemente fuerte como para sí cumplir. Por eso la euforia, con líderes empresariales del mayor nivel celebrándolo.

Richard Branson así lo calificó: “El día de hoy ha cambiado el curso de la historia (…) Tenemos la oportunidad de crear una nueva economía”.

Empresas como Nike, Ikea, Microsoft, Walmart y decenas más calificaron este acuerdo como histórico. Lo es.

El acuerdo de París involucra al ciudadano como nunca antes: “todas las iniciativas anunciadas proveen a las ciudades, empresas y ciudadanos de un papel más relevante para acelerar la transición a una economía de energía limpia”.

Twitter: @SOYCarlosMota

Correo: motacarlos100@gmail.com

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