Opinión

La Cooperativa Pemex se apunta otra victoria

 
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Pemex

La mejor forma de visualizar a Petróleos Mexicanos es como una cooperativa que tiene un generoso rescatista financiero. Los cooperativistas serían, por supuesto, los trabajadores sindicalizados. Sus condiciones laborales son envidiables, independientemente de lo que ocurra con la empresa, su producción o los precios del petróleo. Eso de despidos masivos o recortes en prestaciones es para empresas privadas.

Pemex, orgullosamente paraestatal, no toca a nadie con el pétalo de un despido. Y, por cierto, muchas plazas se heredan. Esto porque la habilidad para explotar el petróleo (o al menos a la empresa) se trae en los genes. Si hay pérdidas (y las hay, a carretadas) no hay problema: Pemex se endeuda en los mercados, al cabo goza de una garantía implícita del gobierno federal.

El miércoles un escueto boletín anunció lo que desde hace años se esperaba: una modificación al régimen de pensiones. Si la empresa está quebrada, porque sus pasivos son mucho mayores que sus activos, en mucho se explica por la munificencia de los directores generales de Pemex. Comprometieron generosas pensiones pero, pequeño detalle, sin hacer un fondo para pagarlas. No es que las pensiones no se cubran, Pemex lo hace puntualmente, pero toma el dinero de su presupuesto. Y así lo seguirá haciendo por décadas en el futuro.

Esto porque los dos cambios anunciados reducirán de manera marginal el lastre. Por una parte, para aquellos trabajadores con menos de 15 años de antigüedad, la edad de jubilación pasa de los 55 a los 60 años.

Un paso que, algo, acerca a los privilegiados cooperativistas a la edad que debe enfrentar el resto de los mortales mexicanos en el sector privado (65 años). ¿El resto de los trabajadores de Pemex? Sigue igual, gracias.

Aparte, todo nuevo trabajador empezará a cotizar bajo un nuevo esquema de pensiones, en que contribuirá de su salario y Pemex también le entrará. ¿Y con cuánto participará la empresa? No se sabe.

Si bien es de esperar que no sea mucho más generosa que una empresa privada, es de temerse lo contrario. Con todo, un cambio revolucionario.

¿Cuánto dinero se ahorrará? Eventualmente mucho, porque desde hoy se detiene la sangría futura de recursos, pero por largas décadas se seguirá cargando con lo comprometido. Está claro que Pemex necesitará tarde o temprano un rescate financiero por parte del gobierno, tanto en materia de pensiones como de deuda.

Eventualmente no sería una mala idea empezar a venderla en pedazos, al menos para reducir parcialmente el costo que implicará.

El detalle final es que el gobierno no se atrevió a hacer con Pemex lo que amenaza para el resto de la población: siguiendo el plan propuesto por la OCDE, cambiar de un día para otro a aquellos que cotizan bajo la ley del IMSS de 1973 al régimen (mucho menos generoso) aprobado en 1997. Hay una certidumbre a este respecto: el gobierno no tiene la menor autoridad moral para tratar de imponer en otros lo que no se atrevió a hacer con los cooperativistas de Pemex, quienes deben estar celebrando su victoria.

Twitter: @econokafka

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