Opinión

La competencia
como norma, no
como excepción

Jesús Ignacio Navarro Zermeño

La competencia económica es un elemento fundamental para el buen funcionamiento de los mercados. Ante la amenaza de perder clientes y eventualmente salir del mercado, la competencia induce a los productores a embarcarse en una búsqueda constante de reducir costos, hacer eficientes los procesos productivos y mejorar el servicio a sus clientes. La presión que ejerce la competencia es la base de la innovación, la productividad y el crecimiento económico. El desarrollo de competencia en los mercados es por lo tanto una tarea necesaria para el desarrollo económico de cualquier país.

A pesar de su importancia, hasta hace poco la política de competencia en México había estado relegada a un segundo término. Cuando en Estados Unidos las primeras acciones para combatir las prácticas anticompetitivas se remontan a finales del siglo diecinueve, es decir hace más de ciento veinte años, en México la primera Ley Federal de Competencia Económica se promulgó en 1992, hace tan sólo poco más de veinte años.

Los primeros veinte años de la Ley de Competencia no fueron fáciles, se avanzó, pero no se pudo romper con una tradición centenaria de prácticas nocivas que forman parte del panorama normal de hacer de negocios en México, en ocasiones generadas o reforzadas por algunas políticas gubernamentales.

Hoy existen elementos para pensar que esta situación va a empezar a cambiar. Hoy entra en vigor la nueva Ley Federal de Competencia Económica, lo que representa una oportunidad inigualable para que la competencia se convierta en la norma, en la práctica común de todos los días y en todos los lados de la vida económica, más que una excepción, para que los consumidores y empresarios tengan acceso fácil a productos e insumos competitivos y de calidad, en lugar de enfrentar precios caros y servicios malos.

La oportunidad de volver la competencia en algo relevante y cotidiano se origina por una buena ley, con atribuciones adecuadas para prevenir y combatir prácticas anticompetitivas y con una nuevo órgano para ejecutarlas, profesional y autónomo. Pero también porque existe un consenso cada vez más generalizado que sin competencia el país no avanzará, es decir, ahora la comisión de competencia no va sola. La competencia es la base de las reformas financiera, de telecomunicaciones, energética.

Existe la convicción de que la falta de competencia en muchos de los sectores más relevantes ha impedido el sano desarrollo de la economía, y esa convicción se está reflejando en leyes que promueven la competencia. Antes la competencia se prohibía por decreto y ahora se impulsa, lo que cambia de manera radical la forma de concebir la economía y de hacer negocios. Poco a poco los sectores aislados de la competencia serán menos y llegará un momento en que la competencia sea la norma, más que la excepción. La nueva Ley de Competencia tiene las herramientas para asegurar que así sea.

El autor es comisionado de la Comisión Federal de Competencia Económica, economista del ITESM, maestro y doctor en Economía por el Colmex y la Universidad de Chicago, Illinois, respectivamente. Ha sido subsecretario de Industria y Comercio, director de Administración y Comercio en Aforre XXI-Banorte y director general de Procesos de Privatización y Licitaciones de la Comisión Federal de Competencia (CFC), 2007-2010 y profesor de planta en el ITESM.

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