Opinión

La coladera

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José Murat, exgobernador de Oaxaca. (Archivo/Cuartoscuro)

Desatado el periodo electoral de 2015, los partidos sobrevivientes a sus respectivas crisis internas se concentran estos días en la delicada, sensible y muy compleja selección de sus candidatos.

Habrá en la jornada del 7 de junio más de 12 mil cargos de elección popular entre diputados, gobernadores, regidores, presidentes municipales y legisladores locales. Ante los recientes y ofensivos escándalos políticos que han provocado la profunda crisis de credibilidad y confianza que vivimos en México, los partidos enfrentan la difícil tarea de ofrecer al electorado personajes intachables, de probable fama pública y prestigio –muy difícil de lograr– que transmitan no sólo las habituales y cada vez más vacías promesas de campaña, sino la solidez y honorabilidad necesarias que conquisten la confianza y hasta la esperanza de los votantes.

Los casos de Iguala-Ayotzinapa, Ángel Aguirre y su hermano, y hasta José Murat y sus propiedades, obligan a los partidos a ser especialmente cuidadosos en la selección. Se requiere una auténtica coladera que filtre, impida el paso, detenga a los hampones y abusivos para dejar pasar solamente a los probadamente eficientes y honestos. ¿Se podrá?

Me pregunto si los partidos están conscientes de este profundo sentimiento de hartazgo, cansancio e incredulidad por parte de la ciudadanía. Ya no creemos a nadie, ni logos, ni partidos, ni organizaciones y mucho menos militancias. Cuando debuta en este proceso la posibilidad de las candidaturas independientes, sería un feliz hallazgo que el electorado votara mayoritariamente a aquellos que no pertenecen a ningún partido. El mensaje sería inequívoco.

Sin embargo, la acostumbrada colusión de la clase política y partidista, donde unos se cubren a los otros, acusan a sus críticos y detractores de “andanada política”, “campaña de desprestigio” y demás incoherencias, se ve improbable que los partidos hagan un auténtico acto de contrición, borren a los presuntos responsables de ilícitos e impidan que alcancen candidaturas de ningún tipo.

Estoy en contra de que Marcelo Ebrard sea candidato por ningún partido Que aclare, con valor y la gallardía que asegura tener, el escandaloso fraude multimillonario a la ciudad de México. Que las autoridades agoten las investigaciones y limpie su nombre, antes de ser cobijado por el fuero de ningún cargo y se acumule otro gigantesco caso de impunidad.

Me opongo igualmente a que Leonel Godoy alcance una nueva posición de elección popular, después del desastre en que dejó –él y sus antecesores– a Michoacán. Nunca aclaró cabalmente la abrumadora deuda de ese estado.

Y cada partido tiene los suyos, donde el encubrimiento, la vista gorda, la mirada desviada es el vehículo de sobrevivencia y reciclamiento político. O limpiamos la casa, o seguiremos teniendo a funcionarios omisos, improvisados, débiles y vulnerables ante la corrupción sistémica, el narco y el crimen organizado.

Los filtros y sistemas de revisión en los partidos deben elevar sus niveles de control y supervisión, nadie aguanta más hampones en cargos públicos coludidos en acciones fraudulentas.

Una premisa que debiera incorporarse a la ley electoral es que ninguna persona con antecedentes judiciales, investigaciones abiertas, asuntos inconclusos que cuestionan su gestión o comportamiento público, pudiera jamás ser postulada como aspirante siquiera a un cargo de elección popular.

Ahí están en el PAN sus “moches” y sus legisladores con comisiones, sus funcionarios enriquecidos de administraciones anteriores. Ahí están los del PRI a los que les aparecen propiedades por todas partes, en el extranjero, con aeronaves y pisos multimillonarios.

Ahí está los del PRD con truhanes y criminales bajo el control y sueldo del narcotráfico y los cárteles, o las familias enriquecidas con negocios de fondos públicos. Y sólo por hablar de los mayoritarios, que los otros, tienen lo suyo.

Es ahora o nunca.

Twitter: @LKourchenko

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