Opinión

La CNTE va por más


 
La Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación (CNTE) ganó la partida en sus vencidas con la Secretaría de Gobernación.
 
 
Le falló al gobierno la vieja táctica de entregar concesiones para subordinar a las organizaciones corporativas. Las entregó a los maestros, pero la coordinadora va por más.
 
 
De regreso a Oaxaca, la sección 22 se lleva reconocimientos, acuerdos muy favorables y dinero extra.
 
 
Se lleva el reconocimiento como interlocutora del gobierno en la suscripción de acuerdos en materia educativa; es la primera vez que tal cosa ocurre a espaldas del Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación (SNTE), el único reconocido –hasta ahora- como titular del contrato laboral de los maestros a nivel federal.
 
 
Ese reconocimiento debilita al SNTE, apoyador incondicional de la reforma constitucional y de las leyes reglamentarias con las que se pretende cambiar la relación laboral del magisterio con la SEP.
 
 
El sindicato debe estar consternado en su debilitamiento, que ya es notorio en el magisterio y ahora ante el gobierno.
 
 
En segundo lugar, pero no menos importante, la CNTE ganó el acuerdo con la Segob de que negociará con los gobiernos estatales lo relativo a la planta docente, a los alumnos y a la infraestructura educativa.
 
 
Aunque según el secretario de Gobernación, Miguel Angel Osorio Chong, “les manifesté que en las reformas que había hecho el constituyente (SIC) no había marcha atrás”, en la práctica cada gobernador aplicará las nuevas disposiciones legales según se lo permitan las circunstancias.
 
 
A juzgar por el poder de la CNTE ante gobiernos como los de Oaxaca, Michoacán y Guerrero, lo que eso anuncia es que la reforma educativa podría ajustarse a lo que la coordinadora considere que garantice la seguridad laboral de sus agremiados y no a los concursos y evaluaciones que prevén los nuevos ordenamientos como condiciones de ingreso, promociones y permanencia de los docentes.
 
 
En tercer lugar, y de gran significado político y jurídico, es que a pesar de haber parado clases durante dos meses en Oaxaca, de haber dejado heridos, destrozos y miles de horas perdidas de capitalinos en sus marchas y bloqueos al tránsito, ni un solo integrante de la CNTE será despedido o aprehendido.
 
 
Además, los maestros regresan a sus lugares de origen con apoyos estatales por más de 100 millones de pesos, sobre los que no tendrán que rendir cuentas.
 
 
De que hubo concesiones del gobierno, las hubo, pero la CNTE va por más. En lo inmediato, la sección 22 advirtió que no permitirá que el INEGI levante el censo para saber cuántos maestros y escuelas hay en Oaxaca.
 
 
Tan grande es su control político, financiero y operativo de las escuelas en esa entidad, que el gobierno de Gabino Cué le notificó a la SEP que no se realizará el censo.
 
 
Emilio Chuayffet, titular de la SEP, se limitó a decir que será muy complicado pagar la nómina de la entidad, lo que no quiere decir, se apresuró a aclarar, que “no se va a pagar, sino que se va a complicar”.
 
 
Las miras de la CNTE a más largo plazo pasan por encima de la planta docente y del aprendizaje de los alumnos.
 
 
La coordinadora seguirá exigiendo la abrogación de la reforma constitucional y el veto a las leyes secundarias para mantener sus movilizaciones en todo el país, y conforme a sus fines últimos, abrirá la agenda a “la convergencia en contra de las reformas estructurales” durante su Quinto Encuentro Nacional Magisterial Popular, el próximo domingo 13 de octubre.
 
 
Lo que interesa a futuro a la CNTE es la construcción de un frente nacional como fuerza política opuesta al régimen político, en el que ven el origen de desigualdades e injusticias.
 
 
Las brutales desigualdades en el país dan sustento a sus argumentos, con los que también se mezclan la captura facciosa de plazas y las fallas de las autoridades.
 
 
En el manifiesto de su V Congreso Nacional de Educación Alternativa, del pasado mes de abril, la CNTE dejó en claro que se propone construir un frente único nacional contra el “Estado burgués-terrateniente”.
 
 
En algún tiempo podríamos estar ante la presencia de una organización como la que Andrés Manuel López Obrador trata de construir con el Movimiento de Regeneración Nacional, con la enorme diferencia de su radicalismo (va contra el régimen político, al margen de sus reglas) y tácticas, que no descartan los choques violentos.
 
 
El gobierno no está preparado para ablandar la intransigencia y subordinar a la CNTE. Las tensiones con ese sector del magisterio se mantendrán.
 
 
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