Opinión

La clase dominante baila el vals Mephisto de Liszt

10 febrero 2014 4:22 Última actualización 24 octubre 2013 5:2

 
Juan Federico Arriola
 

A las víctimas de la demagogia, es decir, a decenas de millones de mexicanos.
 
Una de las obras pianísticas más espectaculares es el vals Mephisto de Franz Liszt, el genial compositor húngaro, amigo de Federico Chopin, suegro de Richard Wagner y sin duda uno de los pianistas más talentosos en la historia de la música.
 

¿Quién es Mephisto? Es Baal, el demonio, Lucifer, el diablo. En Fausto de Goethe tenía el nombre de Mefistófeles. En México tiene varios nombres: poder autoritario, excesiva concentración de riqueza –generalmente mal habida por actividades monopólicas, agio, narcotráfico, lavado de dinero, secuestro, etcétera-, codicia y otros pecados no menores.
 

Uno de los políticos que más entiende y sabe de música clásica es el senador neopanista y ex priista Javier Lozano, con preparación artística y además abogado, que decidió renunciar a enriquecer culturalmente su natal Puebla y a la vez decidió empobrecer la política mexicana, con una decepcionante actuación como secretario del trabajo, legislador por gracia de Calderón y envidioso de la causa de la Vázquez Mota a dirigir el PAN. Si le llamó “poderosamente” la atención a Lozano que la ex candidata presidencial decidiese buscar la presidencia después de obtener el tercer lugar, el poblano tenía que preguntarse, si la ciudadanía castigaba o no al deficiente gobierno de Calderón que fracasó en generar los empleos suficientes que prometió y garantizar seguridad pública que empeoró. ¡Qué mejor prueba que la ineficiencia terrible de García Luna, protegido de Calderón, Cordero, Lozano, Peña Nieto y el gobierno de Estados Unidos (con todo y espionaje)!
 

Otro sin brújula, es el presidente de la República, Enrique Peña, que en los debates presidenciales en 2012 prometió bajar impuestos, mejorar condiciones sociales y laborales, y su gobierno a través del secretario de Hacienda y cobrador temerario de impuestos nuevos e injustos, están destruyendo la economía nacional y la economía familiar. Si hace algunas semanas afirmé que la política tributaria de Peña-Videgaray era un retroceso a los tiempos de López de Santa Anna, hoy corrijo…es peor, porque aquel presidente exentaba de pago de impuestos a los dueños de perros para ciego, en cambio, aquí todo dueño de perros y gatos estará obligado a pagar un 16 por ciento adicional. La industria refresquera nacional tronará y las grandes compañías de Estados Unidos ganarán más mercado.
 

Miguel Mancera sigue en la ciudad de México sin enterarse de la presencia del narcotráfico en la capital del país y Murillo Karam, el procurador general de la República no moverá un dedo contra Romero Deschamps, Montiel, Yarrington o Moreira porque son los amigos de su jefe, con todo y que dijo demagógicamente Peña que él no tiene amigos y es verdad, sólo tiene intereses económicos y políticos.
 

Los grandes capitalistas Slim, Azcárraga, Salinas Pliego y demás olvidan el servicio a sus clientes y sólo se concentran en ganar más dinero aunque tengan a los destinatarios de sus múltiples servicios en el descontento y yo soy uno de ellos.
 

La sociedad mexicana es cada vez más desigual. Mephisto baila con la clase dominante, ofrece el fruto del árbol prohibido y enfatiza como lo hizo al inicio de la humanidad: “Probad de este fruto y seréis como dioses.
 

“Lo que no dijo Mephisto, que él pone la música y las condiciones. Los poderosos olvidan que también son mortales y que al morir no se llevarán absolutamente nada (argumento teológico en un Estado laico). Liszt era un genio creyente cristiano que demostró cómo un vals puede llamarse Mephisto, endiabladamente difícil y también bello, tan bello como Lucifer, el ángel soberbio que creyó ser más que Dios.