Opinión

La censura del INE

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INE. (Cuartoscuro)

Ante la inconformidad del PRI, el INE ordenó bajar un spot del PAN que hace referencia a un reloj de César Camacho, de dos millones de pesos, y a las casas que altos funcionarios del gobierno tienen en el extranjero, por considerarlo calumnioso.

El PRI no sólo se quejó, sino contraatacó con otro spot donde menciona la presa que construyó el gobernador panista de Sonora, Guillermo Padrés, en su rancho, y también los “moches” de los diputados panistas, en clara alusión a Villarreal, excoordinador de la diputación panista.

La decisión del INE, que también obligó al PRI a bajar su spot, sorprende por varias razones: primero, porque todos son hechos conocidos y ampliamente divulgados por la prensa; segundo, porque una de las pocas virtudes que tuvo la reforma electoral del año pasado fue eliminar el concepto de “denigración”, que prohibía las campañas negativas.

En el contexto de la spotización de los comicios (más de 16 millones de spots de 30 segundos, transmitidos en 60 días), las campañas negativas no sólo le ponen sal y pimienta al páramo electoral, sino contienen información relevante para los ciudadanos.

La prohibición de este recurso data de 2007, cuando el PRI, en alianza con el PRD, decidió que la “denigración” del adversario o de las instituciones rebajaban el nivel del debate y de la información que deberían recibir los ciudadanos.

La inconformidad de los perredistas derivaba de la exitosa campaña que lanzó el PAN en 2006 (“López Obrador es un peligro para México”). Fue gracias a esa embestida que Felipe Calderón logró remontar la enorme ventaja que le llevaba AMLO.

Cuando la prohibición de la “denigración” fue inscrita en la Constitución, impuso dos preguntas que siguen siendo válidas: la primera, ¿quién censura o controla al censurador?; y la segunda, ¿a quién beneficia que la información negativa no llegue a los ciudadanos?

La respuesta a la primera pregunta es muy simple: nadie censura o controla al censurador, por lo que las decisiones de lo que se puede informar o no son, por naturaleza, absolutamente discrecionales –como acaba de ocurrir con los spots del PAN y PRI.

La respuesta a la segunda pregunta es más compleja: beneficia a quienes tengan cola que les pisen. Pero, cuando todos tienen cola que les pisen, la censura se convierte en la omertà de la mafia italiana.

De ahí que la decisión de los consejeros del INE no sólo sea escandalosa, sino ponga en evidencia uno de los mayores problemas del actual sistema electoral: los atentados contra la libertad de expresión y el derecho a la información de los ciudadanos.

Desde 2007 hasta la fecha, la legislación ha puesto en manos de los partidos el derecho a quejarse ante la autoridad electoral contra la violación de la “equidad” en los espacios informativos.

Por eso, las presuntas violaciones que cometió el Partido Verde al transmitir información o propaganda, fuera de los tiempos de campaña, condujo a multas millonarias contra ese partido (por más de 180 millones de pesos), pero también se multó a Cinépolis y Cinemex.

El desenlace de ese incidente ha sido que el Verde solicitó un préstamo por 150 millones de pesos a un banco, que será en su momento cubierto con nuevos recursos públicos –proveniente de los impuestos de los contribuyentes– que recibirá del Estado.

A Cinépolis y Cinemex la experiencia los volverá mucho más cautelosos. Porque ya se sabe: el que con leche se quema, al jocoque le sopla. Y para muestra, un botón: el equipo de producción de Denise Maerker hizo un reportaje sobre el Bronco, candidato independiente a la gubernatura de Nuevo León, que va al alza y es muy carismático.

Sin embargo, la periodista decidió no transmitirlo porque hace tres años hizo un reportaje similar sobre Enrique Alfaro, entonces candidato a la gubernatura de Jalisco, que provocó una queja del PAN y metió a Televisa en un litigio con la autoridad electoral, que terminó ganando la televisora. Pero quién querría repetir esa experiencia.

Así que no hay que hacerse bolas. La censura del INE, en cualquiera de sus formas, y por donde se vea, atenta contra la libertad de expresión y el derecho a la información.

Twitter: @SANCHEZSUSARREY

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