Opinión

La causa antidemocrática

 
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CNTE Michoacán

El pasado 2 de junio la Secretaría de la Defensa Nacional resguardaba algunas instalaciones del INE en Oaxaca. Ante la llegada de multitudes de maestros de la Sección 22 de la CNTE “capaces de todo” los soldados recibieron la instrucción de retirarse por la vía pacífica. Junto con los desalojos aparecieron las imágenes de maestros vandalizando las instalaciones, la quema de material electoral y el bloqueo de la Terminal de Almacenamiento y Reparto de Pemex que dejó sin combustible a la capital del estado.

El viernes, ante la gravedad de la situación, el gobierno federal desplegó tres mil elementos adicionales en el estado.

En Oaxaca y en otros estados ha sido inédita la conflictividad que se ha observado este año en torno a los comicios. A pesar del grave deterioro de la seguridad y del clima de violencia que vivió el país de 2008 a 2012, las elecciones, al menos las federales, habían transcurrido con relativa normalidad.

La violencia del crimen organizado tuvo un efecto negativo más bien modesto sobre la participación electoral. En 2009 se dejaron de instalar 41 casillas y en 2012 sólo dos (mínimos históricos para una elección intermedia y presidencial, respectivamente).

En contraste, llegamos a la elección de este 7 de junio con el riesgo de que varios cientos o miles de casillas dejen de instalarse. Algo pasó que cambió las cosas.

Es común que en los países que organizan el Mundial de Futbol o las Olimpiadas distintos grupos de presión aprovechen la ocasión para hacer solicitudes insólitas, que jamás prosperarían en un contexto ordinario. Amenazar con cerrar el transporte público puede lograr maravillas cuando se espera la llegada de cientos de miles de visitantes extranjeros, incluyendo reporteros de medios de comunicación de todo el mundo.

Este año, al parecer, distintos actores se percataron de que en México no hay que esperar un evento deportivo que ocurre una vez por siglo; el derecho de los ciudadanos a votar es un activo con el que también se puede negociar bastante bien. Los sectores más aguerridos del movimiento magisterial (en particular la tristemente célebre Sección 22 de la CNTE) han sido los más audaces en el uso de esta estrategia. Entre otras cosas, exigen la “abrogación total” de la reforma educativa. De lo contrario, no permitirían la realización de elecciones.

Sin embargo, a los maestros se han sumado grupos de autodefensa que solicitan la liberación de sus compañeros presos, y células anarquistas que sólo quieren generar caos. Otros grupos han optado por el asesinato (por lo menos cuatro candidatos fueron asesinados, además de varios aspirantes, operadores políticos y dirigentes locales).

Resulta difícil explicar las razones de este retroceso en el desarrollo político del país. La hipótesis más sencilla es que los grupos que obstruyen las elecciones están envalentonados ante lo que perciben como un déficit de legitimidad del gobierno; en particular, un déficit de legitimidad para el uso de la fuerza pública. Después de un año de escándalos de corrupción, tragedias y masacres y, con la fuerte sospecha de que las agencias de seguridad han llevado a cabo ejecuciones extrajudiciales, saben que el gobierno se la pensará dos veces antes de actuar con mano dura.

Cuando escribo estas líneas, en la mañana del día de la elección, todavía es incierto lo que ocurrirá. Si bien el reforzamiento de último momento de la seguridad mejoró las perspectivas, en algunas regiones de Oaxaca y Guerrero existen dudas respecto a la viabilidad de instalar suficientes casillas para garantizar la validez de los comicios. Entre los incidentes reportados, la CNTE había quemado cuatro casillas en Tehuantepec; en Tixtla, Guerrero, la Coordinadora Regional de Autoridades Comunitarias (CRAC) había quemado dos. Sin embargo, en alguna medida el daño quedó hecho desde antes de la elección.

Con el anuncio de la SEP de que las evaluaciones previstas en la reforma educativa se suspenderían de forma indefinida, la opinión pública quedó convencida de que el gobierno había hecho algunas concesiones ante las presiones del magisterio.

Si las elecciones se llevan a cabo con relativa normalidad, el gobierno tendrá que recapacitar y aplicar sin miramientos la reforma; de lo contrario, Peña Nieto quedará como el presidente que hipotecó el futuro de la educación del país. Si las elecciones se anulan en algunos distritos, la CNTE habrá demostrado que se puede frenar a la mala una elección.

La anulación no es por sí sola una catástrofe (no será la primera ni la última vez). Sin embargo, para 2018 otros grupos, además de los que ya se adhirieron este año a la causa antidemocrática, tomarán nota.

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El pasado viernes 5 de junio falleció el senador Manuel Camacho Solís. Gracias a sus dotes como estratega y negociador fue posible solventar por la vía pacífica algunos de los conflictos más difíciles en años críticos de nuestra transición a la democracia. Descanse en paz.

Twitter: @laloguerrero

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