Opinión

La casa de Luis Videgaray

Los mexicanos somos propensos a hacer negocios con la gente que conocemos, con los amigos, con quienes tenemos confianza. El ejemplo más nítido de esto en la sociedad mexicana son las tandas. En las tandas un grupo de, digamos ocho personas, confía en algún amigo, en un compañero de la oficina o en familiar, para que concentre y reparta el dinero aportado por los ocho involucrados de acuerdo a un sorteo.

Las tandas son comunes en amplias capas de la sociedad. Muchas personas confían más en las tandas que en los bancos y en las instituciones financieras. De la misma forma, si una persona quiere vender su auto, adquirir un inmueble, contratar un proveedor o colocar en el mercado sus servicios, acude en primera instancia a quien conoce, a aquel en quien confía, sea éste su familiar, amigo, conocido de trabajo o quien sea. Esto no convierte a nadie en delincuente.

Suponer que la casa que adquirió el secretario de Hacienda Luis Videgaray en Malinalco es un delito porque se la compró a un empresario mexiquense que ha conocido por años, es una presunción calumniosa que The Wall Street Journal sembró en la comentocracia antisistema mexicana, en ésa que quiere reventar a las instituciones con cualquier pretexto.

The Wall Street Journal no documentó ningún delito. No dijo que tal o cual licitación para construir una carretera mexiquense fue a cambio de un soborno; ni mostró evidencia de que la decisión de adquirir la casa de Malinalco estaba vinculada a una licitación federal del nuevo gobierno. ¿Por qué no lo hizo? Porque no puede; porque no existió tal. Como bien dijo Luis, ni si quiera era servidor público cuando se llevó a cabo la transacción.

En México debería ser suficiente, para tener un mejor país, con que todos los mexicanos cumpliéramos la ley. Él la cumplió, pero aun así la gente malintencionada interpreta este evento a su manera y prejuzga la culpabilidad del secretario. Yo conozco a Luis desde la universidad, y sé de su cabal honorabilidad y de su espectacular sensibilidad para transformar al país desde la mejor intención, desde la sólida formación que tiene, y desde la gran experiencia que ha acumulado.

Sorprende el grado de escándalo que originaron el periódico estadounidense y sus comparsas mexicanos, quienes sin sustento pretenden hacer ver al secretario como corrupto o traficante de influencias. Pero deberíamos desechar esta forma de juzgar a los demás.

Que cada quien se pregunte en su interior: ¿de verdad es culpable de algo por haberle comprado una casa a un conocido? La respuesta evidentemente es no. Pero si alguien piensa ilógicamente que sí, que después se responda de qué delito, y con qué fundamenta su juicio. No encontrará argumentos.

Twitter: @SOYCarlosMota