Opinión

La Casa Blanca y el Jordán

   
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ME. Con Trump, el que se enoja pierde.

1. Las puertas de la Casa Blanca no son las aguas del Jordán. Trump las cruzó y, lejos de purificarse o moderarse, se exacerbó. Su intolerancia y arrogancia se han multiplicado y endurecido contra tirios y troyanos.

2. Trump apostó por Stephen Bannon en el peor momento de su campaña. Muchos consideramos que cometía un error que hundiría su candidatura de manera definitiva. No fue así. A partir de entonces, Bannon se ha convertido en el alter ego de Trump. Su peso en el nuevo gobierno no tiene precedente.

3. Por eso Trump ya no puede ser pensado ni descifrado sin Bannon. El discurso de toma de posesión del 20 de enero tiene su impronta: “Hoy termina la carnicería”, amén que la descalificación y denuncia de toda la clase política es Trump-Bannon cien por ciento. De ahí que The New York Times se haya formulado la pregunta: President Bannon?

4. Porque no se trata sólo de una influencia, sino del peso que se le ha otorgado en el gabinete como jefe de estrategia de la Casa Blanca, desde donde ha impulsado el decreto sobre las visas e inmigrantes, amén de haber recibido a Videgaray y Guajardo el miércoles 25 en Washington, y mantener relaciones con los movimientos ultranacionalistas en Europa. Todo coronado con su integración, en un lugar prominente: en el Consejo de Seguridad Nacional.

5. Hay evidencias, sin embargo, de que el resto del gabinete de seguridad, notablemente John Kelly y Rex Tillerson, actuarán como contrapeso.

6. Donald Trump es considerado un negociador duro, pero finalmente pragmático. La variable Bannon altera la ecuación, porque el exdirector de Breitbart es un ideólogo de convicciones y principios. No por casualidad él mismo se ha comparado con Lenin.

7. Trump, en el caso de México, no necesita que le den cuerda. Sus declaraciones han sido contundentes y reiteradas. Pero es indudable que la fusión Trump-Bannon le dará consistencia a la estrategia antiméxico. La expulsión de migrantes, la construcción del muro y la renegociación o abrogación del TLC son tres dimensiones del supremacismo de Trump-Bannon.

8. Kelly tiene una comprensión más compleja de la seguridad nacional. Su visión se puede sintetizar en dos tesis: el muro por sí solo no resolverá el problema de la seguridad; para contener la inmigración hay que propiciar que la gente encuentre mejores oportunidades en sus países. Tillerson, por su parte, en su comparecencia ante el Senado, se refirió a México como un aliado estratégico de Estados Unidos.

9. Esto pone en evidencia que la estrategia de negociación que ha seguido Videgaray es absurda. La vía Jared Kushner conduce directamente a Trump, pero la volatilidad del personaje y la cercanía de Bannon lo convierten en un riesgo mayor. Como puso en evidencia la cancelación de la visita de Peña Nieto.

10. No sólo eso. La infausta invitación del 31 de agosto, que Peña y Videgaray han vendido como un acierto, tuvo un efecto nefasto. Trump ha descrito su estrategia de negociación en dos frases: “si mi adversario es débil, primero lo aplasto; si es fuerte, primero negocio, luego lo aplasto”. Inútil señalar que Trump encontró en México a un presidente y un ministro de Finanzas débiles, con el consecuente corolario.

11. Ante esa realidad, la estrategia de negociación debe seguir los cauces institucionales y concentrarse en la interlocución con Kelly, Tillerson y Ross. No es seguro que ese camino garantice que Trump modere su postura, pero es indudable que es la única ruta transitable.

12. El debate en México se ha polarizado entre quienes piensan que la negociación es una pérdida de tiempo, dadas las posiciones y el temperamento de Trump, y los que afirman que se puede hacer entender la importancia y ventajas del TLC, como ocurrió con Clinton en 1993.

13. La salida intermedia sería muy simple: trabajar para lo mejor, pero prepararse para lo peor, es decir, mantener la negociación al mismo tiempo que se arman alianzas y estrategias para enfrentar la cancelación del TLC.

14. La prudencia y la inteligencia apuntan que la primera tarea debe recaer en un responsable de la renegociación, que bien podría ser Videgaray; mientras que la segunda debe ser encabezada por un nuevo y experimentado secretario de Relaciones Exteriores. Pero, ya se sabe, esas virtudes no son prendas de este gobierno.

Twitter: @SANCHEZSUSARREY

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