Opinión

La carrera por el 2018

 

Cada vez está mas cerca la carrera por la Presidencia de la República Mexicana por el sexenio 2018-2024. Poco más de tres años que se habrán de consumir de la noche a la mañana.

López Obrador será, sin duda, el permanente candidato a ese puesto que tanto ambiciona y que no ha podido conquistar, pese al gran esfuerzo realizado tanto en el 2006 como en el 2012. Estuvo cerca, muy cerca de alcanzar su objetivo y sólo unos cuantos votos a favor del ex presidente Felipe Calderón Hinojosa y otros más en el caso de nuestro actual Presidente Enrique Peña Nieto, lo sacaron de la contienda. Sin embargo, no por eso se da por vencido; él es un hombre de lucha y con toda seguridad estará como candidato para las elecciones del 2018. Una gran duda: ¿Será Morena quien encabece la izquierda con un candidato único, o será el PRD, en alianza con otros partidos, quienes postulen también a su propio candidato? Lo único cierto es que la división entre los partidos de la izquierda, de transformarse en realidad, reduciría las posibilidades de triunfo de López Obrador, en su tercer tentativa ¿Y última?

Margarita Zavala, nuestra digna y querida Primera Dama durante el sexenio de su esposo Felipe Calderón, anunció recientemente que se lanza también a la carrera por la candidatura presidencial ¡Qué difícil fue es el papel que ella desempeñó! Lo hizo con gran desenvolvimiento, pero con gran discreción, en contraste con su antecesora Marta Sahagún, esposa del ahora ex Presidente Vicente Fox Quezada.

En mi ya larga vida y siendo un apasionado de la política, nunca he pertenecido a partido político alguno ¿Por qué? Porque creo que no representan dignamente el verdadero sentir de la ciudadanía y anteponen sus intereses personales y los de sus dirigentes –intereses en ocasiones mezquinos y personales- a los legítimos intereses de los ciudadanos y del país. En las últimas elecciones, tal como lo anuncié a través de uno de mis artículos, emití mi voto en blanco en la boleta de los diputados y señalé por escrito que esa decisión la tomaba en vista a mi personal desprecio por los partidos políticos que solicitaban nuestro apoyo.

Margarita Zavala es una veterana militante del PAN. Pero mi aprecio y admiración por ella nada tiene que ver con su partido. Es una dama en toda la extensión de la palabra, con valores morales y éticos, aunado todo esto a una brillante carrera política que inició desde muy pequeña, con el ejemplo de su señor padre. Excelente madre de tres hijos, con una familia bien integrada, maestra durante varios años en su alma mater, el Instituto Asunción de México, y con una amplia experiencia legislativa a través de su participación en el Congreso tanto federal como local. Su experiencia como esposa del Presidente Calderón, ha sido, sin duda, un aprendizaje que le habrá dejado una profunda huella que a la par de sus conocimientos legales, adquiridos cuando cursó la licenciatura en Derecho en la prestigiada Escuela Libre de Derecho, complementan la teoría con la práctica junto con su intensa actividad académica, política y social.

Ojalá contemos, como es el caso de Margarita, con candidatas y candidatos partidistas e independientes de los cuales nos podamos sentir orgullosos y convencidos de que trabajarán con gran capacidad y honestidad por el bien de México. El sistema político bajo el que estamos gobernados, nos ha quedado a deber y, a fuerza de ser sinceros, también los ciudadanos le hemos quedado a deber a nuestro querido país.

Si algún día –que yo seguramente ya no veré- se combina una auténtica fuerza ciudadana con valores arraigados y exigente con sus representantes, y éstos atienden el llamado a cumplir con el bienestar de la población, México se transformará en lo que es mi gran sueño: un país con una poderosa e ilustrada clase media que haya incorporado en sus filas a los millones de pobres que ahora difícilmente pueden subsistir.
Soñar no cuesta nada, pero sin sueños nunca puede haber grandes proyectos. Los líderes capaces son aquellos que logran transformar los sueños en realidades. Así lo demostró, entre otros aquel gran hombre que respondía al nombre de Martin Luther King.

Mañana será otro día.

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