Opinión

La carrera de F1 se la perdió Cancún

 
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Así se vivió la Fórmula 1 en México

El regreso de las carreras de autos de Fórmula 1 a México, después de más de dos décadas, fue todo un suceso que la gran mayoría celebró tener de vuelta.

Casi todos quienes estuvieron atentos a esta competencia lo hicieron desde el punto de vista deportivo, sin reparar en que un Gran Premio como este va mucho más allá de lo meramente lúdico, para convertirse en un agente económico importante para la localidad donde se desarrolla, además de que uno de sus principales objetivos es de índole turística.

Un documento elaborado por la Secretaría de Turismo, que encabeza Enrique de la Madrid, contiene una parte denominada “Argumentos a favor de la realización del Gran Premio de México” y en él explica cuáles fueron las principales razones que llevaron al gobierno federal a apoyar la carrera.

En primer lugar, la F1 se visualizó como un producto importante que contribuiría tanto a enriquecer como a diversificar la oferta turística del país, que sigue teniendo su principal soporte en las playas.

Pero no sólo eso, ya que el Gran Premio es una competencia Premium, a la que suelen acudir turistas de un poder adquisitivo superior a la media de los viajeros que nos visitan. De manera que la promoción de este tipo de eventos forma parte de la estrategia gubernamental para atraer a visitantes de mayor poder adquisitivo que, por supuesto, gasten más y generen una mayor derrama económica.

Actualmente, el gasto promedio de un turista extranjero en México es de 488 dólares y, aunque aún no se tiene la cuantificación, es obvio que quien viajó al Distrito Federal motivado por la carrera, gastó mucho más que eso, al pagar hoteles de 400 dólares la noche para arriba –la demanda registrada esos días empujó impresionantemente las tarifas hoteleras–, además de que invirtió hasta más de mil dólares por un boleto de entrada al Autódromo Hermanos Rodríguez.

Otro factor es que la F1 vino a romper la estacionalidad turística de la Ciudad de México, ya que tradicionalmente los últimos días de octubre y los primeros de noviembre son de temporada baja, a pesar de la celebración del Día de Muertos, ya que son muchos los capitalinos que esos días viajan a Michoacán, Oaxaca o alguna otra ciudad donde se conmemora esta fiesta de manera espectacular, en tanto que los que llegan a la metrópoli son menos.

De manera que, según sostiene el documento de Sectur, la F1 colocará a la primera semana de noviembre de cada año como una de las temporadas con mayor derrama turística en la capital del país. “En los últimos años la llegada de turistas a la Ciudad de México en la primera semana de noviembre ha sido menor con relación al promedio que se recibe en el año”, explica.

Y como muchos de estos turistas que llegaron al DF para presenciar la carrera –algunos de fuera y otros del interior de la república— tuvieron que tomar un avión para llegar, pues esta demanda también incrementó la actividad de la aerolíneas, que igualmente se vieron beneficiadas por el evento deportivo.

El mes pasado, la oferta de asientos hacia la Ciudad de México registró un incremento con respecto al mismo mes de 2014 de 14% en vuelos procedentes del extranjero, y de 6% en vuelos nacionales. A su vez, el número de vuelos internacionales tuvo un aumento de casi 13 por ciento.

Desde hace más de un década algunos empresarios de Cancún intentaron recuperar este Gran Premio, pero para llevarlo a ese destino del Caribe mexicano. Varios fueron los intentos, pero ninguno fructificó por diversas razones. Pero una de ellas fue que hace varios años, cuando ya casi todo estaba arreglado, durante una cena –me platicó hace tiempo un empresario de Cancún que estuvo sentado en esa mesa— el entonces gobernador de Quintana Roo pido a los organizadores, para su peculio personal, una “cooperación” de dos millones de dólares, a lo cual se negaron.

La derrama económica que dejó la carrera se calcula en 400 millones de dólares por unos cuantos días. Sin duda, cualquier destino turístico soñaría con tenerlo, aunque se trate del poderoso Cancún.

EN LOS ALREDEDORES

Nombramiento. En Londres, la colección Small Luxury Hotels of the World designó a Filip Boyen como su nuevo CEO. En julio pasado, este ejecutivo belga asumió la Dirección General de Hill, Goodridge & Associates, compañía operadora de SLH, por lo que ahora combinará sus responsabilidades con la marca que este año cumple 25 años.

Correo:garmenta@elfinanciero.com.mx

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