Opinión

La captura del 'Chapo', 
¿un hecho político?

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Chapo

Capturaron al Chapo Guzmán, felicidades. Nadie puede objetar que tras la vergonzosa fuga, finalmente vuelva a prisión. De la fuga ya se ha dicho demasiado, pero además del restablecimiento del Estado de derecho en cuanto a este caso se refiere, las lecturas que se derivan de este suceso son numerosas.

En primer lugar, en torno al hecho mismo creo que se ha festejado exageradamente. Las fuerzas del orden han cumplido con su deber, tal y cual les corresponde. Hay que felicitarlos, sí, pero no se trata de envolvernos en la Bandera Nacional presentando este suceso como lo más importante para el país. La forma en que se ha notificado el contenido de lo dicho dejan mucho que desear.

Los actores principales de la detención fueron los marinos. La Armada de México se ha destacado últimamente por su valor y su eficacia. El comunicado emitido por la Secretaría de Marina señaló algunos puntos que no coinciden con el manejo posterior por parte de la Presidencia de la República y la Procuraduría General de la República. El comunicado de prensa afirma que la acción se inició a raíz de una denuncia ciudadana anónima, que al acudir a investigada los marinos fueron recibidos a balazos, iniciándose así una confrontación. En cambio, la Presidencia y la PGR habían de una investigación de las áreas de inteligencia, la denuncia hecha por el experto en la excavación de túneles y un operativo bien concertado.

El boletín de la Marina se produjo inmediatamente después de la captura del Chapo, las otras versiones surgen después de una mesurada reflexión y el diseño de una estrategia de comunicación política. Sin embargo, quienes la hicieron no tomaron en cuenta lo que ya había dado a conocer la Secretaría de Marina, conforme a los reportes militares que se presentan después de un hecho armado. En éstos no hay consideraciones políticas, sino la comunicación de un hecho tal cual. La consecuencia es que, una vez más, las fallas de comunicación del equipo del Ejecutivo más que aclarar y favorecer la transparencia, provocan ruido y desconfianza por las contradicciones.

Convertir un suceso de seguridad pública en un hecho político para capitalizarlo de forma propagandística ha sido, al menos por esta vez, un hecho fallido.

Una segunda reflexión es acerca de la forma como ocurrieron los hechos. Tan no estaba estrictamente planeada la operación, como algunos dices, que el Chapo, que sabe actuar como topo, se volvió a escapar en el primer encuentro por un túnel. Esta vez una alcantarilla y pudo haber desaparecido una vez más. Y aunque él y su jefe de seguridad fueron capturados, Orso Iván Gastélum Cruz, jefe de la zona norte de Sinaloa de la banda del Chapo, que estaba con él, logró darse a la fuga.

El anuncio de que ya se iniciaron las acciones necesarias para extraditar al Chapo, es una confesión implícita de que su permanencia en el país constituye un riesgo de que nuevamente pueda escabullirse. Las promesas anteriores de que estaría seguro en las prisiones mexicanas y que no fueron cumplidas, demandan que cuanto antes sea trasladado a prisiones verdaderamente de alta seguridad y a salvo de la corrupción que ha minado al sistema penitenciario de nuestro país.

Una tercera reflexión. Con la captura del Chapo no se ha avanzado significativamente en el combate a la delincuencia. Se ha vuelto al estado en que nos encontrábamos antes de su fuga y que de ninguna manera constituían un avance significativo en la materia, pues con él en prisión sus redes y su gente seguían operando. Se trata de una hidra de múltiples cabezas aparentemente diseñada por un hombre de la sierra, sin gran preparación y que, sin embargo, elude y supera a nuestros equipos policiales y militares, pues el narcotráfico, los secuestros y las extorsiones continúan.

Es claro que el Ejército y la Marina han dado una verdadera batalla a las mafias delincuenciales del país, pero junto a ellos marchan policías corruptos y autoridades venales que se alían o son parte de las mafias y quizás algunos de ellos las verdaderas cabezas, con muchos operadores, entre los que El Chapo es uno más y si llega a desaparecer tendrán forma de sustituirlo.

Muchas veces parece que la lucha contra las mafias sólo va hacia los efectos, pero no a las raíces, al fondo del problema. Es ahí donde se exhibe la carencia de una efectiva labor de inteligencia que, entre otras cosas, ataque las redes financieras que hacen posible la existencia de estos grupos.

El verdadero Estado de derecho para restablecer la paz en el país requiere una eficaz aplicación de la justicia, el fin de la impunidad con que permite que esos grupos se muevan a sus anchas y la atención de los problemas humanos y sociales que provocan la existencia de niños y jóvenes sicarios que ven en este estilo de vida su única opción, aún a sabiendas de que en él también se juegan la existencia.

Que bien que se capture a El Chapo, pero no podemos quedarnos ahí y, menos, convertir esto en un éxito político cuando, por ejemplo, nos es posible proteger y asegurar la vida de una presidenta municipal que es ejecutada el mismo día de su toma de posesión por no plegarse al chantaje e intereses de los grupos delincuenciales.

Estamos muy lejos de cantar victoria.

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