Opinión

La capitalización de Pemex: El impago a proveedores

 
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Con los datos de que disponemos hasta ahora, en el primer bimestre del año en curso la economía mexicana destaca en relación con el resto del mundo.

Las estimaciones preliminares del crecimiento de nuestra economía, tomando en consideración los indicadores más oportunos, nos dejan ver que sigue dándose un crecimiento, impulsado principalmente por la fortaleza del mercado interno. Esto contrasta con la recesión que están sufriendo varias economías como la japonesa, la brasileña, la rusa, la venezolana o la griega; o con el magro crecimiento de la mayoría de los países.

De acuerdo a nuestro Indicador IBAM, el IGAE de enero podría superar 3.0 por ciento, mientras que el pronóstico preliminar de nuestro Indicador IBEM nos da un crecimiento más moderado, de alrededor de 1.5 por ciento anual para el IGAE  de febrero. En ambos casos los indicadores del mercado interno son robustos, mientras que los de la industria son menos fuertes. En enero la producción industrial aumentó 1.8 por ciento anual, apoyada por un incremento en la actividad de la industria de la construcción (4.5 por ciento anual) y el desempeño de la producción automotriz que creció en 0.4 por ciento anual, con lo que la manufactura en su conjunto avanzó 2.2 por ciento anual. Para febrero, la producción automotriz decreció -4.2 por ciento, por lo que la expectativa del dato de la producción industrial de febrero podría ser negativo.

En contraste, las ventas de las cadenas comerciales afiliadas a la ANTAD bajo tiendas comparables reportan un crecimiento de 6.0 por ciento en términos reales en el primer bimestre. Las ventas de automóviles en el mercado interno observaron un crecimiento de 14.5 por ciento en unidades vendidas en el bimestre. El buen desempeño del mercado interno responde a los siguientes factores: 1. El crecimiento del empleo (el IMSS reporta 3.8 por ciento en los empleos formales). 2. El crecimiento del salario real. Con una inflación inferior a 3.0 por ciento, el salario real está creciendo a un estimado de 1.5 por ciento real anual. 3. El crédito al consumo. Se tiene registrado un incremento de 7.0 por ciento nominal. 4. Las remesas familiares que han crecido 18.8 por ciento en enero, lo que sumado a la devaluación del peso da un incremento de 40 por ciento en el flujo de remesas llevado a pesos 
(una cifra similar estimamos para febrero).

A pesar de la devaluación del peso, la inflación parece permanecer dentro de control, todavía por debajo de 3.0 por ciento anual. Después de ser la moneda emergente mejor librada el año pasado, en los dos primeros meses del año el peso mexicano fue una de las que se vieron más afectadas por la volatilidad de los mercados financieros globales. La caída del precio del petróleo se convirtió en el principal factor de presión, lo que junto a la agresiva política monetaria de Japón y del Banco Central del Euro propiciaron un fortalecimiento del dólar contra todas las divisas. Otro factor que incidió en la volatilidad fue la actuación de inversionistas globales de alta frecuencia que operan mediante órdenes de compraventa gestadas mediante algoritmos electrónicos denominados de alta frecuencia, con lo que el esquema de las subastas del Banco de México por hasta 400 millones de dólares por día se vio francamente rebasado.

El triple anuncio coordinado entre Banco de México y la Secretaría de Hacienda del pasado 17 de febrero ha venido dando buenos resultados.

El tipo de cambio ha venido descendiendo, ubicándose por debajo de 17.50 pesos por dólar; un segundo recorte en el gasto; y la elevación de medio punto en la tasa de referencia del Banxico a un día y la cancelación de las subastas, cambiándolas por intervenciones discrecionales, está comprobando que la coordinación de políticas fiscales con las monetarias suele resultar en medidas más eficaces. Lo que no está sucediendo en el resto del mundo donde todo se está dejando a las políticas monetarias cada vez más extremas.

Para adelante, la pregunta clave es si el mercado interno pudiera continuar siendo el motor del crecimiento de nuestra economía. 

Nuestra expectativa sobre las remesas, sobre el crédito al consumo y sobre el empleo son optimistas, pero vemos que sobre la economía se cierne un grave riesgo, ante el problema de la cantidad de empresas proveedoras del Estado que no están recibiendo sus pagos desde hace varios meses.

Consideramos prioritario el que se atienda al problema del pago proveedores, no nada más en Pemex que ya está generando quiebras de empresas, y quebrantos en los bancos, sino también a los del IMSS, ISSSTE y de los gobiernos de los estados, que conforman una cartera vencida que podría superar 250 mil millones de pesos, y que representa uno de los principales riesgos que enfrenta nuestro desarrollo económico.

Si un proveedor no cobra, éste no puede pagarle a sus proveedores, a sus bancos, ni a sus trabajadores, no genera utilidades ni contribuciones al fisco, y se va generando una cadena de no pagos que puede impactar al mercado interno.

El paquete de apoyos crediticios por 15 mil millones de pesos que otorgó la banca de desarrollo a Pemex es sólo 10 por ciento del problema de cartera vencida. Si bien intenta atender a las proveedoras Pymes, que por ley de Pareto son un número importante de proveedores, no está resolviendo el fondo del problema.

El primero de abril vence el plazo legal para que el Banco de México entregue los remanentes de operación del ejercicio 2015 al gobierno federal.

Según el artículo 19 Bis de la Ley Federal de Presupuesto y Responsabilidad Hacendaria, publicado en noviembre de 2015, al menos 70 por ciento del remanente de operación de Banxico debe destinarse “a la amortización de la deuda pública del gobierno federal contratada en ejercicios fiscales anteriores o a la reducción del monto de financiamiento necesario para cubrir el déficit presupuestario que, en su caso, haya sido aprobado para el ejercicio fiscal en que se entere el remanente, o bien, una combinación de ambos conceptos”. La plusvalía cambiaria de las reservas internacionales pudo superar 200 mil millones de pesos; así que creemos que una vez anunciada la reestructura de Pemex y el recorte a su presupuesto, el gobierno podría destinar una parte significativa del remanente para fortalecer la posición financiera de Pemex. Debe evitarse una nueva reducción en su calificación y apoyar el pago a proveedores.

Bajar precios de la gasolina o tarifas eléctricas para justificar las reformas, a costa de las finanzas de las empresas del Estado, en la delicada situación en la que se encuentran, ha resultado ser la gota que derrama el vaso.

No sirve de mucho mantener finanzas públicas 'sanas' a nivel del gobierno federal, si esta salud se recarga en la de las empresas y entidades del Estado, o en los proveedores de estas entidades y empresas. Al final los costos de la burocracia, de las prebendas, de la corrupción y de la ineficiencia los pagamos todos.

Twitter: @EOFarrillS59

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