Opinión

La campaña electoral y sus retos

De cara a la campaña electoral, es claro que el “horno no está para bollos”. Venimos de un año que en su último trimestre evidenció la complejidad del país y las limitantes del sistema político. Los casos de corrupción, la falta de crecimiento económico y la violencia sacudieron el sistema de partidos, al gobierno y a la clase política; sin embargo, las respuestas son las que los ciudadanos no esperaban frente a esta gravedad.

Me parece que asistimos a un momento que es un quiebre en nuestra aún joven e inmadura democracia, de baja calidad.

Arrastramos sin duda el desperdicio al “bono democrático” que tenían los ganadores del 2000 con la alternancia política, y pagamos facturas de una era de frivolidad que fue amalgamada con la corrupción, la ineficiencia, la inexperiencia y sobre todo la ausencia de un proyecto real de cambio político, democrático y con visión de Estado.

La inauguración de nuevas formas de delinquir de los cárteles del crimen organizado y la “estrategia” de combatirla por el gobierno federal, dejaron un baño de sangre en el país, una violencia generalizada y una sociedad aterrorizada y víctima de ésta, así como una economía maltrecha por la crisis internacional. Ah, la corrupción siguió a sus anchas.

La segunda alternancia política en la presidencia de la República contrajo un reto mayúsculo con un escaso margen de legitimidad por los 12 años del PAN. El reto debía partir por la adecuación de las normas jurídicas para sacar adelante al país y dar respuesta a las demandas de los sectores sociales.

La pobreza, la desigualdad social, la violencia, regiones controladas por el crimen organizado, la corrupción y la fusión de intereses políticos y del crimen organizado, así como las maquinarias partidistas obsoletas prevalecen en el marco de una imagen internacional de modernización y de éxito, haciendo fuerte el contraste.

Los que se sintieron afectados en sus intereses después de tantos años de ser beneficiarios del statu quo se han hecho también presentes, al igual que una sociedad más crítica y fortalecida, que haciendo uso de las nuevas tecnologías de la información deja claro que hay una nueva ciudadanía que exige más trasparencia, rendición de cuentas, un combate radical contra la corrupción y la implementación de políticas públicas eficaces por parte del gobierno en todos sus niveles.

La oportunidad perdida en la alternancia del año 2000, hoy se evidencian en una maquinaria atrofiada, que en no pocas ocasiones se presenta incapaz de gestionar los problemas sociales hasta el límite de la ingobernabilidad en algunas zonas del país, haciendo patente la necesidad de hacer cambios en la gestión del poder para inaugurar una gobernanza capaz de dar un nuevo horizonte y legitimidad al sistema político.

Algunos movimientos antisistema apuestan al caos y la ingobernabilidad, pero también se encuentra la demanda legítima de una sociedad que exige un Estado de derecho pleno, transparencia, rendición de cuentas, combate a la corrupción, eficiencia de las políticas públicas, crecimiento que lleve a la generación de empleos, al combate a la pobreza y la desigualdad y en donde la sociedad toda pueda vivir sin violencia. En una palabra, una democracia de calidad. Estos son los retos para una campaña electoral que ha iniciado con un déficit de credibilidad por la clase política, los partidos y en general por “el sistema”.

Twitter: @SamuelAguilarS