Opinión

La caja negra del gasto público

Hace algunos años, no muchos, el Instituto Mexicano para la Competitividad (IMCO), que dirige Juan Pardinas, publicó un Informe sobe "La Caja Negra del Gasto Público", donde analizaba el comportamiento de las finanzas estatales y municipales, inclusive su grado de autonomía fiscal. Esta semana apareció otro de México Evalúa, que dirige mi amiga Edna Jaime, con un título parecido, “Descifrando la Caja Negra del Gasto Público”, en el que la preocupación central es que se gasta un promedió de 8 por ciento adicional a lo que aprobado por el Congreso, derivado de ingresos superiores a lo estimado. En el caso del ramo 33 utiliza mucho el "Diagnóstico sobre la Opacidad del Gasto Federalizado”, elaborado el año pasado por la Auditoría Superior de la Federación, los Informes de Resultados de la CP e incluso un trabajo de Roberto Salcedo –Auditor Especial de Desempeño- presentado en la Red para la Rendición de Cuentas en 2013. El trabajo de México Evalúa hay que revisarlo con cuidado para aprovechar su esfuerzo.

Un gran esfuerzo sin duda; sin embargo hay algunas reflexiones sobre el tema. En el mundo de los funcionarios fiscales es claro que así como el presupuesto de egresos es un compromiso, en materia de ingresos se trata de una estimación y siempre es más sano que ésta sea rebasada a que se quede corta, por lo que tiene que haber mecanismos en la Ley del Presupuesto para programar el uso de la recaudación adicional. Además, no olvidemos que el Presupuesto se realiza a precios corrientes.

En México es mas sencillo para el Gobierno Federal tener una proyección de los ingresos más eficiente, que para los gobiernos de las entidades federativas o los de los municipios, dada su dependencia de las transferencias federales, condicionadas y de libe disposición. El orden federal tiene control sobre otras políticas, además de la fiscal, como la monetaria, cambiaria, financiera, aduanera, etcétera, en cambio los gobiernos subnacionales tienen facultades tributarias limitadas, y parte importante de su gasto está condicionado desde el gobierno central; es el caso del gasto federalizado programable, aportaciones y subsidios.

Un comentario adicional es que el servicio de la deuda pública y las participaciones –transferencias no condicionadas- pertenecen al rango de gasto no programable. Este último varía en función del comportamiento de la recaudación federal participable, si esta sube, las participaciones suben, si baja, bajan.

Cuando Don Roberto Hoyo Daddona encabezaba la coordinación Fiscal por la parte federal, si alguna entidad le reclamaba que las participaciones fueron inferiores a las estimadas, les aclaraba Don Roberto diciendo que lo que les mandaba “era una estimación, no un compromiso de pago”, por lo que recomendaba prudencia en el gasto, es decir, en el presupuesto.

En 2002 hubo una sobreestimación en la Ley de Ingresos de la Federación, para darle espacio por el Congreso a unos recursos adicionales para el IMSS. Sin embargo, la realidad de las participaciones se dio de acuerdo a la estimación original, por lo que éstas no llegaron al nivel de la sobreestimación, generándose enojo en algunos gobernadores. Al revisar los presupuestos, versus lo estimado, en 30 entidades federativas, había subestimación de ingresos, por lo que el impacto presupuestario fue menor. Los recursos adicionales, cuando los había, estaban cubiertos en el propio Presupuesto que condicionada su uso de acuerdo a que fuese reportado correctamente en la Ley de Ingresos.

Hoy hay otros elementos, como la Armonización Contable, en la que hay avances, en algunas entidades más que en otras. Claro, hay aún insuficiencias, como señala el Estudio de México Evalúa, pero hay tiempos para cumplir con ello. La ASF realizó el año pasado la revisión de los avances en los dos órdenes de Gobierno y está en el Informe de Resultados. Este año además se tendrá que armonizar la presentación de las Cuentas Públicas, lo cual significará un avance importante, que se traducirá en mayor transparencia.

Correo:
brunodavidpau@yahoo.com.mx