Opinión

La caída de las democracias

 
1
 

 

Dilma Rousseff

En México se leen de manera constante los índices de popularidad del presidente. Los analistas políticos desayunan, comen y cenan con ellos. Las encuestas sobre Enrique Peña Nieto se pasan de mano en mano. Los últimos sondeos dicen que la popularidad del presidente es la más baja desde que se comenzó a medir la popularidad presidencial.

La pregunta es: ¿esta situación se debe a lo que sugieren algunos analistas, de que “Peña Nieto nunca ha estado preparado para ser presidente de México”? ¿O este es un fenómeno global de las democracias?

La realidad es que no sólo es Peña Nieto quien tiene baja popularidad. Una población entera de presidentes en democracias la está pasando muy mal. ¿Ejemplos? Dilma Rousseff salió del Planalto brasileño con 9.0 por ciento de aprobación; su reemplazante, Michel Temer, tiene apenas 14 por ciento del favor social. Michelle Bachelet, que se fue de su primer gobierno con índices de popularidad astronómicos, rozó en la última encuesta de 2016, según El País, 15 por ciento de apoyo. ¿Hollande en Francia?, 14 por ciento. Juan Manuel Santos, en medio de la firma de la paz con las FARC, momento cumbre de la historia colombiana, 21 por ciento de aprobación. Ollanta Humala, antes de dejar el gobierno de Perú, 18 por ciento.

Stephen Harper, el primer ministro que precedió a Justin Trudeau en Canadá, 32 por ciento. Mariano Rajoy, en febrero, sin gobierno, 27 por ciento. Todos con los índices de popularidad más bajos en sus países. ¿Y Peña Nieto? Pues en la línea general: 22 por ciento. ¿Más ejemplos?

David Cameron enfrentó el Brexit (que perdió) con 34 por ciento de popularidad. Tony Blair en 2007, antes de su salida, traía alrededor de 25 por ciento. Y podría seguir con más ejemplos.

En el otro extremo, Vladimir Putin mantiene un increíble 80 por ciento de respaldo entre los rusos, y Tayyip Erdogan, tras barrer con el golpe de Estado en Turquía, subió de 50 a 65 por ciento de apoyo. Xi Jinping, según una encuesta de Harvard University, empezó 2015 como el presidente más popular del mundo, seguido por Putin y muy por encima de Barack Obama, que era séptimo. ¿Qué une estos estados? Putin, Erdogan y Jinping dirigen gobiernos autoritarios en culturas que poco tienen que ver con la manera en que los occidentales concebimos una democracia. Diré más, cuando tuve oportunidad de conversar con funcionarios del partido comunista chino (en varias ocasiones cuando viajaba a ese país), ellos me explicaban que, a diferencia de Estados Unidos que tienen una democracia horizontal, ellos tienen lo que denominan democracia vertical. En otra ocasión abordaré este tema.

Si tienen razón los 'expertos', votantes en democracias tradicionales están eligiendo gobernantes torpes e ineptos. Cuidado con Trump.

Estemos preparados, pues esto no se detendrá. Un golpe de efecto puede destruir una reputación, con o sin razón, en mucho menos tiempo del empleado en construirla. ¿Cuántos puntos le habrán restado al presidente Peña las mentiras publicadas por The Guardian?, repetidas cientos de veces por columnistas y redes sociales. ¿Qué pasará ahora que The Guardian se 'disculpa'? Nada. El daño ya está hecho.

En sociedades con democracias 'tradicionales', todo servidor público enfrenta el riesgo de ser demolido en minutos. Hoy existe la capacidad de aglomerar, en segundos, todo tipo de mentiras y descalificaciones que son amplificadas por prensa y redes sociales. Piensen en lo que ha logrado Trump usándolas. Aunque no sea elegido presidente, éstas persistirán. ¿Se acuerdan del mito 'armas de destrucción masiva' de Irak? Las democracias tienen un reto complejo: sus instituciones son del siglo XIX y deben lidiar con sociedades armadas de tecnologías ubicuas en el siglo XXI.

Opine usted: 
rogozinski@mitosymentadas.com

Twitter: @JaqueRogozinski

También te puede interesar:
Ignorancia democrática
Holanda
Brujos de las letras