Opinión

La caballada famélica

 
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Margarita Zavala.

Gil anota: la temporada de patos ha empezado. Una encuesta nacional presentada por Alejandro Moreno en su periódico EL FINANCIERO muestra a los punteros en las preferencias electorales si hoy fueran las elecciones presidenciales de 2018. La mandíbula de Gilga ya había caído como quijada de burro cuando se enteró de que dentro del PRI las preferencias para una candidatura a la presidencia favorecían a Miguel Ángel Osorio Chong. El mundo es así: inesperado y misterioso.

La disputa entonces, si las elecciones de 2018 fueran hoy, estaría entre Liópez con 22 por ciento, Miguel Ángel Osorio Chong del PRI-PVEM con 19 por ciento y Margarita Zavala del PAN con 19 por ciento; les siguen Miguel Ángel Mancera del PRD con 11 por ciento y Jaime Rodríguez El Bronco con 7.0 por ciento. Gil tiende a la exageración dramática de un tiempo a esta parte, pero a este grupo de candidatos, así como los ve Gamés, Liópez se los lleva al callejón de los cadenazos y ni las manos meten. Dicen los que saben que esto apenas empieza; correcto, pero lo que empieza mal, ya se sabe. Igual y Gilga sobrevalora la fuerza destructiva de Liópez; ojalá, por aquello del chicharrón y la boca.

Gamés mira por la falsa mirilla del porvenir: ni el don discreto y la política funcional de Osorio Chong, ni la simpatía y honestidad de Margarita Zavala, ni la sensatez y contención de Mancera, ni los delirios de El Bronco, alcanzan para que Liópez, que cursa por tercera vez la materia presidencial, se los desayune con papas. En este momento, a Liópez sólo podría detenerlo Liópez. ¿Cómo ven a Gil pontificando a todo meter y sacar como columnista de fuste y fusta?, dicho sea esto sin la menor intención de un albur en miércoles.

EL ENEMIGO DE SÍ MISMO
Por fortuna, Liópez tiene un enemigo gigante: Liópez. Ahora mal y peor: quizá ha llegado el momento, lectora y lector, como dicen nuestros ancestros galos: l’heure a sonné y de ser así, si vivimos, recogeremos los pedazos de país que Liópez dejaría al pasar por la presidencia de la República: añicos, astillas. En fon.

Si algún conocedor ha llegado a este párrafo dirá: Gil tiene la fiebre, Liópez aventaja en esta muy prematura encuesta por sólo tres puntos a sus adversarios y le da amplias posibilidades de encumbrarse. Pobre Gamés, débil de la sesera.

Gilga recuerda que la última vez, rumbo a 2012, Liópez se sacudió 28 puntos negativos y convenció a 15 millones de personas de que votaran por él. En páginas contiguas (buena palabra), Pablo Hiriart ha escrito que 22 por ciento le pertenece, un piso que Liópez difícilmente perderá, antes al contrario, subirá si los otros candidatos decepcionan o si ocurre un descalabro mayor en la vida nacional. De acuerdo.

A Gil le gusta y le convence el bailongo de las adivinanzas: cinco por cuatro menos dos igual a Liópez; dos más ocho entre diez, no toca y Osorio está fuera; cinco por cinco veinticinco y llevamos dos Manlios; brinca la tablita, yo ya la brinqué, y Anaya sueña que era rey, un cochinito lindo y cortés. Soyons serieux: ¿y si la caballada estuviera, no flaca, sino famélica? Por cierto, ¿quién inventó lo de “la caballada está flaca”? ¿El mismo que hablaba de “los emisarios del pasado”? Ayuden a Gilga que acusa fatiga mental y pérdida de la memoria por el uso indebido de las benzodiacepinas.

QUE SEAN DIEZ
Gamés lo leyó en su periódico EL FINANCIERO. Nada es imposible, Joaquín Hendricks, secretario técnico del Consejo Político Nacional del PRI, aseguró que “el tricolor es el partido con más militancia y liderazgo y ello le permite tener una amplia baraja de presidenciables (…). Recordó que el PRI cuenta con casi diez millones de militantes e históricamente forma liderazgos que destacan en el ámbito político. Por ello es natural que mientras en el PAN sólo hay cuatro presidenciables y en el PRD dos, en el PRI aparecen diez”. Mju. El que sabe, sabe, caracho.

El exgobernador de Quintana Roo se ha volado la barda y el bardo: diez candidatos, cuánta riqueza. Señor Hendricks: si los priistas lograran construir una candidatura más o menos creíble, el asunto merecería una fiesta nacional, fuegos y juegos artificiales.

La máxima de Anatole France espetó en el ático de las frases célebres: “El porvenir es un lugar cómodo para colocar los sueños”.

Gil s’en va

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