Opinión

La batalla por el Senado

  
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Guía para el debate presidencial formato “Town Hall”

En un año electoral excepcionalmente sorpresivo siempre es difícil hacer pronósticos. Sin embargo, tres acciones consecutivas de Donald Trump en la última semana parecen haber sepultado su candidatura a la presidencia: el video en que se expresa soezmente de las mujeres, su insistencia en sentar a las supuestas víctimas sexuales de Bill Clinton en primera fila en el debate televisivo del domingo pasado y sus ataques al vocero del Congreso, el representante de Wisconsin, Paul Ryan.

A menos de cuatro semanas del día de la elección, las encuestas post segundo debate le dan a la candidata demócrata, Hillary Clinton, hasta 11 puntos de ventaja. Buena parte de los republicanos, encabezados por el propio Ryan, el republicano de mayor jerarquía, han desertado de la batalla por la Oficina Oval. Su gran preocupación es salvaguardar las mayorías en ambas cámaras legislativas para su partido. En especial el Senado, donde los demócratas tienen cifradas esperanzas de capturar al menos 50 escaños y lograr así, con el triunfo de Hillary, la mayoría. El vicepresidente, en caso de empate 50-50, funge como el presidente pro tempore de ese recinto, y les daría esta mayoría.

Un Senado con mayoría demócrata sería terrible para los conservadores, pues les impediría obstaculizar la agenda progresista de Hillary Clinton presidenta —control de armas, profundizar la reforma de salud y la lucha contra el cambio climático—. El Senado, por ejemplo, es el recinto legislativo que tiene la prerrogativa de confirmar literalmente centenas de designaciones presidenciales, empezando por los miembros del gabinete. En particular, les quita el sueño a los republicanos las posibles vacante en la Suprema Corte, pues Hillary cómodamente podría colocar a jueces liberales y entonces reafirmar su legado progresista.

Según la encuesta de FiveThirtyEight, se pronostica una probabilidad de 56 por ciento para los demócratas de controlar el Senado. Los demócratas también llevan la delantera por ser un año de elecciones presidenciales donde se espera un alto número de participación.

En el Senado, donde cada dos años hay elecciones, sólo una tercera parte de los 100 curules están en juego. En este año son 34. Los demócratas defienden 10 asientos y los republicanos 24. Los demócratas sólo deben ganar cuatro curules adicionales para lograr la mayoría en el recinto. A diferencia de la práctica en el Legislativo mexicano de reparto proporcional de cargos, en Estados Unidos el partido que tiene la mayoría ocupa todas las presidencias de los comités y subcomités. Es decir, obtiene una clara ventaja legislativa.

Las contiendas electorales más competitivas para el Senado se encuentran en nueve estados a lo largo y ancho del país: Carolina del Norte, Florida, Illinois, Indiana, Missouri, Nevada, New Hampshire, Pensilvania y Wisconsin.

Por ejemplo en Illinois, el estado de Barack Obama, la diputada demócrata Tammy Duckworth lleva una ventaja de siete puntos sobre el actual senador republicano Mark Kirk. Al norte, en Wisconsin, el candidato demócrata Russ Feingold está aventajando al senador republicano Ron Johnson por seis puntos. Las siete contiendas restantes están más reñidas, con una diferencia por lo general dentro del margen de error de las encuestas.

Es decir, la batalla por apoderarse del Senado está al rojo vivo. Y en esos estados con elecciones al filo de la navaja se teme que si se acaba de desfondar la campaña de Trump, se tenga un efecto negativo para los aspirantes republicanos.

Por eso los candidatos republicanos enfrentan un serio dilema: renegar o no de Trump. Si reniegan, los seguidores de Trump podrían infringirles un castigo electoral y, si continúan apoyándolo, no lograrán conquistar los votos de los electores aún indecisos.

Entre los senadores republicanos que han decidido abiertamente alejarse de Trump se encuentran John McCain (Arizona), Kelly Ayotte (New Hampshire) y Mark Kirk (Illinois). Entre quienes insisten en seguirlo se encuentran Marco Rubio (Florida) y Richard Burr (Carolina del Norte), quien ha dicho haber perdonado los comentarios de Trump.

Carolina del Norte es un ejemplo fascinante de este dilema. El senador Burr goza de una ventaja sobre su oponente demócrata pero se tiene que tomar en cuenta que, para la elección general, el estado está oscilando entre Hillary y Trump con una ventaja de la primera de dos puntos. Se calcula que si Hillary logra mayor ventaja, afectará la suerte del senador.

La relevancia del Congreso, en especial del Senado, para México y la relación bilateral es enorme. De ellos depende una posible reforma migratoria o bien la posibilidad de restringir el contrabando de armas de asalto a México. La diplomacia mexicana tiene que estar muy atenta a todos los cambios legislativos. Carlos Sada, el embajador en Washington, conoce bien los vericuetos del Capitolio. Lo visitó casi a diario cuando estuvo encargado de ese portafolio en la embajada que hoy dirige.

Después de tanta preocupación en México por una presidencia de Trump, empieza a despejarse el panorama en Estados Unidos. Paradójicamente, podríamos acabar agradeciendo a Trump su ayuda a los demócratas para apoderarse del liderazgo del Senado. En este escenario, Hillary Clinton tendría un mandato que le podría permitir romper el impasse de 12 años y lograr la reforma migratoria.

Twitter: @RafaelFdeC

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