Opinión

La aversión de los conservadores
al dinero fácil

09 noviembre 2015 9:23
 
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Krugman.

En una entrevista reciente con el columnista Martin Wolf publicada en el Financial Times, Ben Bernanke expresó exasperación con las afirmaciones de que la relajación cuantitativa (QE, por su sigla en inglés) es un regalo para los ricos (y que al mismo tiempo afecta a los ahorradores; qué raro): “Es el cuarto o quinto argumento contra la relajación cuantitativa luego que todos los demás han resultado equivocados”, dijo a Wolf el expresidente de la Reserva Federal.

Efectivamente, es bastante asombroso. Para los críticos, la QE es la anti Veg-O-Matic: hace todo mal; rebanando y cortando y haciendo puré todas las cosas buenas. La relajación cuantitativa es inflacionaria; bueno, quizás no, pero socava la credibilidad; bueno, quizás no, pero provoca un exceso de toma de riesgos; bueno, quizás no, pero desalienta la inversión empresarial (este argumento es nuevo, creo).

El economista Brad DeLong dedicó en su blog lo que podría ser mucho tiempo a abordar este último punto (léalo aquí: bit.ly/1Md7uc4), citando una reciente columna de opinión en The Wall Street Journal de los economistas Kevin Warsh y Mike Spence. El argumento de este par no tiene ningún sentido, y fue desplegado para explicar algo que no está pasando; la inversión privada no es más baja de lo que se esperaría dada la recuperación relativamente lenta. No me sorprende ver a Warsh transitando por este camino: es un “permaintransigente” que solía advertir sobre la inflación, pero que simplemente cambió sus argumentos cuando la inflación no se materializó. Cuando DeLong se queja de que en el artículo no se ofrece un argumento coherente -ni siquiera un argumento malo, sino ningún argumento-, es más o menos lo que esperaríamos de Warsh.

En 2010, reaccioné así a uno de sus discursos: “Entonces, lo que tenemos aquí es una afirmación de que van a pasar cosas malas si se hacen ciertas cosas, sin ninguna evidencia para tal efecto o ninguna explicación de por qué pasarían esas cosas. Sí, tal vez los mercados de bonos nos castiguen si no recortamos el gasto ahora; también, quizás tengamos mala suerte si caminamos bajo una escalera. Pero, ¿por qué esto se toma como una discusión de política juiciosa?” (Lea aquí la publicación en mi blog: nyti.ms/1PhsFdJ.)

Lo que no entiendo es por qué Spence quiere asociarse con este tipo de cosas.

Pero permítanme decir, como lo he dicho antes, que toda esta aversión al dinero fácil, sobre bases que siguen cambiando y que no parecen relacionarse mucho con algún argumento económico inteligible, evidentemente tiene profundas raíces en la psique conservadora; y está en el inconsciente, no en la mente racional.

Un momento imposible de enseñar

Han pasado casi siete años desde que la Fed redujo a cero las tasas de interés. La era de la inflación baja más la trampa de liquidez ahora rivaliza en duración con la era del estancamiento de la década de 1970, y se ha asociado con un desempeño económico real mucho peor.

Entonces, pregunta Antonio Fatas, ¿dónde está la gran reconsideración de la teoría y la política económicas?

Hice la misma pregunta hace un par de años. Agregaría, como lo hice en ese artículo previo (léalo aquí: nyti.ms/1WuIIFM), que algunos de nosotros anticipamos mucho, aunque no todo, de lo que ha salido mal.

Fatas, economista en Insead, escribe en una publicación en su blog: “Pero supongo que hasta los que coinciden con esta interpretación de la economía japonesa nunca habrían pensado que veríamos ocurrir lo mismo en otras economías avanzadas. La mayoría creyó que se trataba de una ejemplo único de incompetencia entre los formuladores de políticas japoneses”.

En realidad, sin embargo, en 1999 escribí un libro intitulado “The Return of Depression Economics” (El regreso de la economía de la depresión), donde básicamente advertía que Japón podría ser un presagio para el resto de nosotros. Cierto, nunca esperé que la política fuera tan mala que Japón terminara pareciendo un modelo a seguir.

El punto es que, para este momento, deberíamos haber esperado al menos una reconsideración de la política económica tan importante como la que se dio en los 70; pero, de hecho, no hemos visto casi ninguna reconsideración. Los economistas que en 2009 escribieron que “se vislumbra la inflación” advertían sobre amenazas de inflación cinco años después.

Defendiendo la relajación cuantitativa

Ben Bernanke, expresidente de la Reserva Federal, publicó en octubre “The Courage to Act”, sus memorias sobre la crisis financiera. En varias entrevistas de promoción del libro, Bernanke ha buscado pulir su legado como presidente y refutar a los críticos de las políticas de relajación cuantitativa de las que fue pionero.

El mandato de Bernanke en la Fed (2006-14) se vio marcado por políticas monetarias que buscaron estimular el crecimiento económico en Estados Unidos manteniendo bajas las tasas de interés con la finalidad de impulsar los préstamos y la inversión, una estrategia comúnmente conocida como “dinero fácil”. Sin embargo, luego de la crisis financiera de 2008, ni siquiera una tasa de interés cercana a cero pudo estimular la suficiente inversión para sostener una recuperación vigorosa, por lo que Bernanke implementó una técnica experimental llamada relajación cuantitativa.

En sus programas de QE, la Fed creó grandes sumas de dinero para comprar bonos gubernamentales a los bancos, que los habían adquirido en grandes cantidades como activos seguros. Las compras dieron a los bancos un exceso de oferta de capital, y presionaron aún más a la baja el valor de los bonos, forzando a los banqueros a buscar activos ligeramente más riesgosos y a menudo más productivos. La mayor inversión financiada por esta técnica estimuló el crecimiento, y Bernanke y muchos otros analistas atribuyen a la relajación cuantitativa gran parte de la recuperación de Estados Unidos.

En una entrevista ofrecida el 8 de octubre a Bloomberg Television, Bernanke comparó la situación de Estados Unidos con la de Europa. “A Estados Unidos le ha ido mucho mejor que a cualquier otro país industrializado. Europa aún no ha vuelto a su nivel de antes de la crisis. ¿Cuál es la principal diferencia entre Estados Unidos y Europa? Tardaron seis años más en poner en práctica la QE”.

Twitter:@NYTimeskrugman

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