Opinión

La ausencia del PAN y las disyuntivas de Peña


El día de hoy, el PAN será el gran ausente en el anuncio de la reforma financiera.
 
Y no es porque Acción Nacional esté en desacuerdo con los grandes temas que se modificarán con esta reforma, sino porque la dirigencia del blanquiazul quiere pintar su raya respecto al posible uso electoral de las acciones de gobierno.
 
Sin embargo, lo que en realidad vamos a ver el día de hoy es el síntoma del gran dilema en el que se está moviendo, y se va a mover, el gobierno en los siguientes meses.
 
Por un lado, esta semana va a volver a enfrentarse a un poder fáctico, como es la banca.
 
Es probable que ese hecho nada disguste a los panistas, pero el problema es que luego del escándalo producido por el presunto desvío de recursos de la Sedesol en Veracruz, a la dirigencia panista le hubiera sido muy costoso no hacer nada.
 
Y, ante las fuertes divisiones que hay en el PAN, viene el primer gesto de exclusión del Pacto.
 
Puede que se trate de un hecho anecdótico y todo quede en la ausencia del día de hoy.
 
Pero puede ser que los resortes que determinan el comportamiento de muchos militantes priistas en el país respondan a la vieja cultura, en la que se valía el uso de recursos públicos para asegurar el triunfo electoral, y entonces tengamos un escándalo en las elecciones locales de julio.
 
En ese caso, podríamos enfrentar un cuadro en el que el Pacto -quizás la mejor invención del sistema político mexicano en los últimos 20 años- empezara a desmoronarse justo antes de que las 2 grandes reformas pendientes, la fiscal y la energética, puedan concretarse.
 
Al final de cuentas, los análisis más lúcidos, como el que realizó The Economist hace algunas semanas, saben que el gran dilema del gobierno de Peña Nieto es profundizar en su sesgo reformista, aun en contra de las resistencias de los tradicionalistas del sistema político priista. O, bien, echar reversa a las reformas, precisamente para no confrontarse con quienes desde adentro perciben que los cambios pueden traer costos políticos para el tricolor.
 
Aun si el tema se resolviera en el corto plazo, para el curso del sexenio completo viene también una disyuntiva.
 
Si avanzan las reformas propuestas, como la financiera, hacendaria o energética, el efecto que van a tener en el crecimiento económico del país va a ser limitado en el corto plazo.
 
Existe un contraste muy grande entre los niveles positivos de aceptación de la administración de Peña Nieto, altos entre las personas informadas y con niveles de escolaridad superiores, que los medianos que hay en la población en general.
 
La razón es que en el corto plazo no ha existido ningún cambio sustantivo en la condición económica de la mayoría de la población, pero sí lo hay en las expectativas que se han generado entre quienes están mejor informados.
 
El problema con Peña Nieto es que si el gobierno opera para obtener un mejor resultado electoral en 2015 y no hace efectiva la expectativa de quienes han apostado a su vocación reformista, entonces la desilusión de los inversionistas podría causar incluso problemas económicos en el país.
 
Lo que estamos viendo el día de hoy, con la ausencia del PAN en la presentación de la reforma financiera, no es un tema aislado, sino que tiene que ver con las disyuntivas que viviremos probablemente en toda esta administración.
 
El gobierno de Enrique Peña ya camina en el filo de la navaja, y tendrá que hacerlo así prácticamente a lo largo de toda la administración, si no quiere tropezarse y pasar a la historia con otro intento frustrado de poner al país en la senda del desarrollo.
 
Ojalá que tenga la habilidad de resolver la disyuntiva.
 
enrique.quintana@elfinanciero.com.mx