Opinión

¿La Arabia Mexicana?

Marco A. Torres

El autor es consultor en medios periodísticos, empresariales y de seguridad.

Correo:marco.torres@convalor.mx

Los territorios desérticos del Noreste de México parecen recibir una nueva oportunidad de desarrollo con la Reforma Energética recién aprobada por el Congreso, que aún trabaja en las leyes secundarias que reglamentarán las inversiones privadas que harán posible financiar la extracción de petróleo y de gas en zonas que no están al alcance de los penosamente magros bolsillos de Pemex, descapitalizada por la rapacidad y las ineficiencias de funcionarios y sindicato.

En efecto, la nueva cuenca petrolera del país tendrá su asiento en las despobladas planicies de las zonas fronterizas con Estados Unidos de Coahuila, Nuevo León y Tamaulipas.

Y esto no es especulativo, en los 30 condados de Texas en las zonas colindantes con estos estados mexicanos, área conocida en los medios energéticos como Eagle Ford Shale, ya se extraen casi 1.5 millones de barriles diarios de petróleo, y el año próximo esa zona texana ya producirá más petróleo que todo México.

Varios de los pozos más productivos se ubican justo cruzando el Río Bravo, frente a la hasta ahora zona carbonífera de Coahuila, que aparentemente cambiará el negro del carbón por el negro del petróleo.

El gobierno de Coahuila ya definió apoyos de infraestructura para 17 municipios de esa región hasta ayer abandonada a su suerte y carente en muchos casos de servicios básicos y comunicaciones decorosas.

En el sector energético mexicano ya se están llevando a cabo contactos con las 25 empresas petroleras que explotan más de 250 yacimientos en esa zona, para que expandan sus inversiones al sur del Río Bravo.

Tan sólo una de esas empresas, Devon Eagle, invertirá 1,100 millones de dólares, casi 15 mil millones de pesos, en los actuales y nuevos pozos petroleros, equivalentes a poco menos de la mitad del presupuesto de ingresos de todo el Gobierno del Estados de Coahuila para este año.

Desde luego que una buena cantidad de empresas mexicanas se están preparando para invertir en el sector energético primario, aprovechando que ahora la ley lo permite.

El grupo de la acerera AHMSA; que tiene su sede en Monclova, la ciudad más poblada de esta futura cuenca petrolera, ya está comprando tierra y buscando socios para invertir en pozos petroleros coahuilenses, y para ello aprovecharán los más de 3,600 millones de pesos (unos 275 millones de dólares) que polémicamente les pagó Pemex por una empresa de Fertilizantes parada desde hace 14 años.

El fondeo a AHMSA llamó la atención por la cercanía de sus accionistas a los círculos empresariales cercanos al poder federal actual. Otras empresas mexicanas del Norte y otras latitudes del país buscan la mejor forma de amarrar su participación en este nuevo boom petrolero.

Esperemos que las ganancias de esta inexplotada riqueza lleguen ahora a las manos de todos los mexicanos y que no repitamos los errores del auge petrolero de hace 4 décadas, que mantuvo a millones en la pobreza y solamente enriqueció y empoderó a políticos y sindicalistas, con sus socios improvisadamente empresariales, dejando secuelas que aún pagamos.