Opinión

La altura y las circunstancias

Gil empezó la semana con el alma por los sueños, o los suelos, o como se diga. Repantigado en el mullido sillón del amplísimo estudio, Gil revisitó a su clásico de clásicos: Juan de Mairena, el gran alter ego de Antonio Machado, y leyó esto: “Si se tratase de construir una casa, de nada nos serviría que supiéramos tirarnos correctamente los ladrillos a la cabeza. Acaso tampoco, si se tratara de gobernar a un pueblo nos serviría de mucho una retórica con espolones”. Gamés encuentra en los días mexicanos que corren muchos ladrillos en busca de cabezas y varias retóricas de grandes espolones.

Crece una corriente subterránea de gran efectividad dramática: “no hay tales anarquistas, son enviados del gobierno”. Gil lo leyó en su periódico La Jornada en una nota de Andrea Becerril, Alma Muñoz y Roberto Garduño: “Senadores del PRD y del PT así como Movimiento Ciudadano denunciaron que el gobierno federal está detrás de los provocadores que han protagonizado hechos violentos durante las manifestaciones en las que se ha exigido la aparición del los 43 estudiantes de Ayotzinapa como parte de una estrategia para justificar la represión y amedrentar a los mexicanos a fin de que no participen en las protestas sociales”.

Lógico

Así las casas (muletilla inmobiliaria), las brigadas de choque que atacaron Palacio Nacional, lanzaron bombas caseras, hondas de fuego a las ventanas, agredieron a policías y días antes quemaron la puerta mariana de Palacio, agárrense (no empiecen), todos ellos son provocadores pagados por el gobierno de Peña.

¿Y para que les pagan? Gil tiene una hipótesis: les pagan para que en todos los periódicos del mundo aparezca Palacio Nacional en llamas y las notas afirmen que México atraviesa por una honda crisis. Es decir, el presidente le paga a unos matarifes para que hundan unos centímetros más a su gobierno en el arrebato que desató el crimen masivo de Ayotzinapa. Premio a la lógica, a la claridad del pensamiento, en fon, más claro ni el agua del drenaje profundo.

Gil abandonó el mullido sillón, caminó sobre la duela de cedro blanco y cuando llegó al muro norte, se dio un tope de los fuertes: ¡soc! Parece mentira, pero estos senadores trepadores y cucañeros han escurrido el bulto. Resulta que en esos partidos se fraguó la candidatura de José Luis Abarca, esa alianza tripartita llevó a Ángel Rivero a la gubernatura de Guerrero.

En un gesto histórico, Gamés se llevó los dedos índice y pulgar al nacimiento de la nariz y caviló: estamos en este problema específico por ellos y por nadie más, los desparecidos de Ayotzinapa llevan su marca registrada y su complicidad con el hampa. En esa unión falta desde luego Morena y Liópez y su retórica con espolones, propulsores de Lázaro Mazón, protector criminal de Abarca.

En un trabajo de cinismo como pocos se han visto en los últimos años, estos políticos han logrado trasladar toda la responsabilidad, la indignación y la protesta por los desaparecidos hacia el gobierno federal y la figura del presidente Peña. No es poca cosa.

Los tres calaveras

Siempre siguiendo la nota de La Jornada: el coordinador del PT en el Senado, Manuel Bartlett, dijo que el presidente Peña Nieto adopta una actitud fascista y amenaza con el uso de la fuerza pública, pese a que miles de ciudadanos marcharon de forma pacífica.

Los perredistas Dolores Padierna y Alejandro Encinas metieron el cucharón a la olla del puchero y sacaron una pieza de carne más o menos podrida: el Ejecutivo federal regresa al ambiente que se vivió en octubre de 1968, con halcones sembrados en las protestas, que día a día crecen por los hechos de Iguala y la evidencia de corrupción e incapacidad del régimen para resolver los problemas.

Van a decir que la reiteración de Gil es insufrible, y puede ser, pero el problema más grande lo creó el PRD, por ese rumbo. Cuauhtémoc Cárdenas tiene razón al pedir la renuncia de la dirigencia perredista.

Martí Batres se voló la barda y acusó al gobierno de querer suprimir la voz de millones de personas utilizando la provocación. “Se vive una especie de diazordacismo”. El coordinador del Movimiento Ciudadano, Ricardo Monreal, devanó sus sesos para decir que el gobierno no está en condiciones de ignorar las protestas. Gamés piensa en estos políticos que se consideran de izquierda y de nuevo el alma se le va a los sueños, o a los suelos.

Es verdad que sin afanes aleccionadores se le puede entregar al presidente y su equipo operativo una de las grandes máximas del clásico de clásicos de Gil. Oigan esto, por favor: “Quien avanza hacia atrás, huye hacia delante”. Por todo lo anteriormente expuesto, esta página del fondo alude en su título a esta figura: “A la altura de las circunstancias”.

Gil s’en va.

Twitter: @GilGamesX