Opinión

LA ALDEA: Territorio CNTE

19 diciembre 2013 5:2

 
Tierra de nadie, carencia y ausencia absoluta de autoridad y orden, la Plaza de la República en la Ciudad de México representa -como fue el centro de Oaxaca hace unos años- el ejemplo claro donde un grupo radical, violento, con prácticas delincuenciales, con ejercicio evidente de delitos múltiples, domina el espacio público y aplasta todo lo que encuentra.
 
 
Para nadie es un secreto porque los vecinos y comerciantes de la zona se han manifestado ya en calles y avenidas, han acudido a la autoridad delegacional y declarado ante medios de comunicación la debacle económica, higiénica, de seguridad y de libre tránsito en el Monumento a la Revolución.
 
 
Los grupos de la CNTE mantienen el campamento aunque buena parte de ellos se encuentra ausente. Permanecen las casas de campaña, lonas, cuerdas y la invasión del espacio público, con una mínima guardia de vigilancia, que en tono beligerante amenaza y extorsiona a todo aquél que pasa por su territorio.
 
 
Los comercios de la plaza, cafés y restaurantes, son víctimas obligadas del “movimiento” que, sin recato ni cortesía mínima, hace uso de sus instalaciones y mobiliario. Los señores “maestros” entran a los locales, acuden al baño, sacan mesas y sillas a la calle propiedad de restaurantes para su uso personal. Piden usar el teléfono e incluso piden agua y refrescos sin pagar por ellos. Extorsionan vulgarmente a los particulares, los amenazan con daños y destrozos si no acceden a sus peticiones. El líder de los comerciantes, quien se atrevió a organizar a los vecinos y buscar un diálogo para una solución conjunta, le dieron ya “su calentadita” a golpes y escupitajos para que no se atreva a presentar una denuncia.
 
 
Los servicios de limpieza y las patrullas capitalinas que usualmente custodiaban la zona, la han abandonado por completo. Nadie entra a “su territorio” por temor a represalias y venganzas.
 
 
Los propietarios de departamentos y edificios, alarmados, no saben a quién acudir. Nadie presta atención ante la mirada omisa de la Jefatura Capitalina y la franca y desvergonzada cooperación de la delegación Cuauhtémoc.  Según testigos presenciales, todos los días llegan camionetas con logotipos de la delegación cargadas de alimentos para los manifestantes. Distribuyen tortas, refrescos, tacos de canasta y demás antojitos entre líderes y pseudo educadores que de buena gana reciben lo acordado con la delegación.
 
 
Los dueños han dejado de cobrar rentas, por la evidente debacle económica de la zona. Los establecimientos han perdido por completo los comensales y clientes que usualmente acudían desde múltiples oficinas cercanas.  Los taxis dan la vuelta, prefieren no entrar.
 
 
Corren historias de asaltos nocturnos, testimonios de agresiones verbales, de hostigamiento, de los infaltables “mamacitas” a la que se atreva a caminar por ahí después de las 6 de la tarde.
 
 
Es territorio CNTE, ocupado, regido, controlado por una punta de malandrines que bajo la bandera de “sus derechos” aplastan a comerciantes y vecinos, porque “su lucha es digna y auténtica”.
 
 
Resulta inverosímil comprobar que a la Gran ciudad de México, a la capital de la República, le puedan suceder estas cosas a estas alturas de la historia. No hay policía, gendarme, vigilante o granadero que se atreva a poner un pie en la zona, ya no digamos, limitar los excesos de los señores manifestantes.
 
 
A este paso –insisten los comerciantes- quebraremos para finales de mes, con deudas en agua, predial, luz, teléfono que la autoridad capitalina ha prometido condonar. Pero más allá de eso ¿y la renta de los locales? ¿y los salarios de meseros, cocineros, dependientes? Todo perdido, eliminado, aplanado por un grupo radical que parece exento de la ley.
 
 
Mientras esto sucede, los señores asambleístas del DF se llaman ofendidos por la iniciativa de Ley que regula las manifestaciones en la Ciudad de México.
 
 
Les parece, en su absoluta congruencia y responsabilidad con la ciudadanía, una intromisión de los diputados federales el normar o regular sobre la materia. Justamente en un año en que fue evidente el uso faccioso y de instrumento de chantaje político, que la movilización y protesta urbana tuvo lugar en el zócalo primero, y después en la Plaza de la República.
 
 
¿Dónde está el Jefe de Gobierno que voltea para otro lado y prefiere evitar el caos? La delegación, salta a la vista, participa del negocio, el de la comida, el del transporte, el de la subvención abierta a unos truhanes que afirman tener derechos por encima de los demás.