Opinión

LA ALDEA: Primer año

21 noviembre 2013 5:2

 
Al acercarse el aniversario de la toma de posesión de Enrique Peña Nieto resulta inevitable el inicio de los recuentos y balances del primer año de su administración.
 
 
El inicio de su administración imprimió el sello de la planeación estratégica y delicada, la firma del Pacto por México, la concertación con las principales fuerzas políticas y la ambiciosa agenda de reformas, envió un mensaje de firme energía transformadora.  “Somos otros, distintos, que sí sabemos cómo gobernar” pareció el mensaje enviado al país entero.
 
 
Llegaron los profesionales” fueron frases que se escucharon en círculos políticos, con una clara nostalgia a las viejas prácticas de políticos experimentados.
 
 
Los aplausos del mundo, las alusiones positivas al presidente reformista y el Mexican Moment atrajeron no pocas miradas de inversionistas y empresarios que otorgaron, en esos momentos, el beneficio de la duda. Grandes expectativas de las calificadoras bursátiles, comentarios elogiosos en editoriales de Washington, Londres y Nueva York produjeron la impresión de que se acercaba un momento luminoso para México.
 
 
Peña ordenó ver hacia delante, cancelar toda señal de crítica a la administración anterior, incluso cuando encontraran evidencias de torpeza, abuso o incluso corrupción. Ningún titular de ministerio u oficina descentralizada emitió juicio alguno al gobierno de Calderón, salvo algún despistado que muy pronto fue acallado.
 
 
La detención de la maestra fortaleció la impresión de un gobierno dispuesto a terminar con los excesos y las canonjías del pasado. Un gobierno orientado a los resultados, que señalaba con precisión lo que no se permitiría.
 
 
Sin embargo, las cosas empezaron a complicarse.  Descabezar al SNTE no significaba reformar o reestructurar de raíz el sistema educativo nacional, hace falta aún, hay mucho trabajo pendiente. Los sectores más radicales del magisterio, los que han vivido del abuso a gobiernos estatales y prestaciones sin límite a sus prácticas corruptas, invadieron la capital financiados por enemigos de Mancera, provocando el primer desencanto del nuevo gobierno. En política todo se entremezcla e interrelaciona, y nada sucede de forma aislada. Por meses ha dañado la CNTE a la ciudad de México, en su tránsito y traslado, en su comercio y convivencia.
 
 
Para el presidente que prometió transparencia, hoy desconoce el país entero lo que Gobernación pactó con los maestros de Oaxaca y Michoacán.
 
 
Y Chiapas hierve en un problema docente que está a punto de cumplir los tres meses sin clases para más de 100 mil estudiantes.
 
 
La contracción de la economía, causada o no por el subejercicio presupuestal – o como dirían los empresarios, por el “sin ejercicio” presupuestal– ha provocado no sólo la disminución constante de las expectativas de crecimiento para este año, que se encuentran en menos del 1 por ciento, sino que además han afectado seriamente los ingresos de clases medias y populares.  Existen tantas hipótesis acerca del amarre en el gasto gubernamental, que enumerarlas resulta ocioso.  Que si el efecto burbuja después de aprobada la reforma energética, o la concentración en las metas y compromisos adquiridos en campaña y tantas más que hoy resultan inexplicables. ¿Se les pasó la mano? No hay respuestas.
 
 
Al cierre del año, al primer aniversario de lo que el mismo presidente ha llamado “el año de la siembra” quedan aún pendientes la reforma política y la energética, con las respectivas leyes secundarias de la de telecomunicaciones, y otras más.
 
 
De la estrategia contra la inseguridad y la incendiada violencia en Michoacán y Tamaulipas, no hay tampoco respuestas claras y mensajes específicos. Nuevos planteamientos, nuevo enfoque, nuevos abordajes al problema, con los mismos muertos y las guardias civiles pululantes por múltiples municipios purépechas.
 
 
El primer año de gobierno cierra con pronósticos reservados ante un luminoso arranque que sorprendió a propios y extraños. El Pacto tiene fecha de caducidad en 2014 –según han señalado sus propios cofirmantes– el bono electoral y de inicio de sexenio se agota con rapidez –como demuestra la más reciente encuesta que califica por primera vez con más negativos que positivos al presidente de la república. Todo el capital político está empeñado en la reforma energética, cuya batalla final, aún apenas se dibuja en el horizonte.
 
 
Difícil cierre de primer año, con tan abultada agenda y pendientes, y con aliados en franco retroceso.
 
 
¿Qué sigue?