Opinión

LA ALDEA: Pero ¿qué necesidad?

24 octubre 2013 5:2

 
Tengo aprecio y respeto personal por Josefina Vázquez Mota. La conozco desde hace más de una década, desde sus tiempos como secretaria de Desarrollo Social en el gobierno de Vicente Fox. Siempre he tenido admiración por una mujer profesional, dedicada y comprometida con un México mejor, más equitativo y mejor distribuido en términos de riqueza, salud y educación.
 
Nunca entendí el desprecio y rechazo que el equipo de Los Pinos le dedicó con mucha energía durante los últimos tres años del gobierno de Calderón. Alguna vez pregunté a algún cercano del círculo calderonista y en la respuesta aparecían palabras como traición, individualismo, falta de compromiso, etc.
 
El mejor ejemplo de ese resentimiento entre un considerable grupo de panistas, nos lo proporcionaron durante su campaña presidencial. Resultó indudable la negativa del Presidente Calderón a la candidatura de Josefina, y peor aún, derrotado Cordero en las internas, la llegada del “equipo de refuerzo” al grupo que les había ganado.
 
Cuentan testigos presenciales que aquellas sesiones matutinas del llamado “war room” eran de tira cómica, donde varios de los asistentes dedicaban más tiempo a contar sus parrandas de la noche anterior, que a diseñar estrategias para reforzar y fortalecer a su candidata.
 
Conocida la derrota en las elecciones no faltaron quienes al interior del PAN intentaron endosarle a Josefina la responsabilidad única y total de ese descalabro en las urnas.
 
En este año que va desde el triunfo de Peña Nieto, he escuchado a más de un panista quejarse de su candidata, criticar una campaña errónea, un pobre lema, etc.
 
Para nadie es un secreto que el PAN enfrenta uno de los procesos más delicados de su historia. Dividido al interior, con posturas y programas divergentes, no se trata sólo de la confrontación de dos grupos políticos que luchan por el poder del partido (Maderistas vs. Corderistas-Calderonistas), sino incluso de su ideario y programa. ¿Qué partido quieren ser? ¿qué postulados defienden? ¿qué los define frente a otros partidos cuyas banderas hoy resultan tan semejantes?
 
Hace 13 años, cuando el PAN ganó la Presidencia y vivían las mieles de la victoria, la cúspide del capital político y las ideas transformadoras del país, muchos priistas dolidos y resentidos, en la búsqueda de su propio sentido, afirmaban que el PAN había sido fundado y concebido como un partido de oposición, que no sabrían qué hacer y cómo manejar el poder. Doce años después, existen muchos cuestionamientos al respecto, y la certeza de que el poder asemeja a los gobernantes y a sus partidos. Todos acaban pareciéndose, porque lo que se sueña y promete desde la oposición, resulta complejo y desafiante cumplirlo después como gobernante.
 
Muchos panistas se encuentran hoy en ese debate re fundacional, donde se cuestionan principios y posturas de la profundidad que el momento reformista demanda.
 
Ante este escenario Josefina –tras un año de retiro y reflexión sobre la vida política- vuelve a los reflectores y afirma que buscará la dirigencia nacional del PAN. Invitada por unos, rechazada por otros, la ex candidata pretende volver a enfrentarse a tirios y troyanos en la vital búsqueda por la reconciliación. Citando a los clásicos, “pero, ¿qué necesidad?”. Josefina considera que puede ser una figura de unidad, o por lo menos eso piensan los ex gobernadores de “Panistas por México”, quienes ahora le regatean la invitación.
 
Josefina es una mujer valiosa, profesional, entregada y disciplinada, con visión y energía que no merece ser lanzada a una batalla interna sin el suficiente respaldo para obtener el triunfo.
 
Su aportación sería mucho más valiosa en una posición de gobierno, en una organización internacional, al frente de una operación que permitiera poner en ejercicio su capacidad y su talento.
 
Al interior del PAN, comprobará una vez más, que existe un sector considerable de esa organización que no la apoya y que no le otorga credibilidad y confianza.
 
Mejor poner la mira en otros horizontes.