Opinión

LA ALDEA: La polémica prueba Enlace

La Secretaría de Educación Pública y su esquivo secretario Emilio Chuayffet, apareció por fin esta semana para dar algunas -breves y escuetas- explicaciones sobre la desaparición de la prueba Enlace.

Mencionó el secretario Chuayffet que su cancelación-aparentemente temporal- obedecía a que la prueba se había corrompido y había dejado de cumplir con sus objetivos. La prueba dejó de ser eficiente y por eso, explicaron, fue suspendida para reiniciar con nuevo instrumento hacia el segundo ciclo escolar del 2014.

La prueba fue diseñada como un elemento de autoconsumo para las escuelas, esencialmente para educadores dentro del aula. Se pensó en dotar al maestro de un instrumento confiable y veraz que le ofreciera variables de seguimiento y evaluación del desempeño académico de sus alumnos. Fue pensada para observar en una curva de desarrollo, el desempeño de un niño de primaria y detectar sus cambios y avances en materia de aprendizaje. El maestro frente a grupo con los resultados de la prueba, podría idealmente detectar momentos, atmósferas y contenidos que detonaran aprendizaje o que, por el contrario, no lo hicieran.

Lamentablemente todo este idealista propósito no sucedió, o sucedió de forma muy reducida y acotada. Las escuelas convirtieron los resultados en instrumentos de mercadotecnia educativa, quienes salían con puntajes altos colocaban las “sábanas” con los resultados de su escuela en la fachada de los planteles, mientras que quienes salían mal -la mayoría- los escondían en el cajón más recóndito del archivero escolar.

Múltiples maestros y directivos despreciaron la prueba desde un inicio, acusándola de imparcialidad, subjetividad, carencia de representatividad.

Los medios hicimos un pésimo papel respecto a la prueba Enlace, porque la colocamos en los titulares de los diarios y los encabezados de los noticiarios televisivos, provocando con ello, la inevitable comparación entre “la mejor escuela de México” con aquellas que obtenían los resultados más bajos. No era despreciable el matiz noticioso, pero dañamos de raíz el espíritu y el valor de la prueba misma.

Al paso de los sucesivos años de su aplicación, escuelas, maestros y padres de familia, diseñaron mil y un recursos para burlarla.

Averiguaban con anticipación la fecha en que se realizaría y ese día enviaban a su casa a los promedios académicos más bajos de la escuela; obtenían “adelantos” de los temas y reactivos -preguntas- y dedicaban horas y días para que los alumnos memorizaran respuestas y fórmulas, corrompiendo con ello, el sentido mismo de Enlace. Era una prueba diagnóstico, no se trataba de un examen de grado o de aprobación de conocimientos.

Ya para el último año, se supo de copias, venta clandestina, invasión de la base de datos y múltiples expresiones de corrupción del sistema, no sólo de funcionarios o empleados de la SEP, sino de maestros y directivos de planteles por igual.

Chuayffet tiene razón, Enlace se corrompió y por ende, era poco confiable. Aunque “Mexicanos Primero” afirme con sustento y justicia que el porcentaje observable de alteración o modificación de resultados era inferior al 5 por ciento, plenamente irrelevante, la prueba no tenía la solidez, ni siquiera la utilidad para la que fue diseñada. Pero la SEP se equivoca al retirar Enlace como el principal elemento de evaluación del sistema.

Los maestros y educadores nunca fueron cabalmente capacitados para leer, interpretar y descifrar los resultados, poder traducirlos en estrategias pedagógicas o de planeación escolar.

Enlace era el único instrumento de medición extendida del sistema educativo nacional, en términos de aprendizaje y de desempeño académico en matemáticas, ciencias y lenguaje.

La SEP está obligada a construir y poner en práctica, a la brevedad, otra prueba que nos permita tener fotografías particulares, regionales, estatales y en algún sentido nacional, de nuestro penoso sistema educativo.