Opinión

LA ALDEA: Diplomacia de consolación

19 septiembre 2013 5:42

 
 
Por años el viejo sistema todopoderoso del PRI concedió puestos y grados diplomáticos a políticos mexicanos cuya carrera estaba, por decir lo menos, en su fase final.
 
 
Se asignaba a embajadas de cierta relevancia a políticos cuya trayectoria dentro del sistema había “cumplido su ciclo” o que su utilidad real para el Presidente en turno era más que prescindible.  Esta misma práctica aplicada por décadas, consistía en otorgar “premios de consolación” a aquellos políticos que resultaban “incómodos” al nuevo régimen o que, peor aún, habían formado parte de equipos contrarios al ganador. Para ellos, el sistema reservaba posiciones estratégicas en embajadas espectaculares, cual becas de retiro, desde donde muchos construían sueños aguerridos de regreso y reinserción al primer círculo del poder. Algunos ambicionaron convertirse en cancilleres, bajo el cobijo y respaldo del nuevo candidato que reconocería en ellos valores y talentos innumerables, hasta ese momento pasados por alto por la administración que, de hecho, los había enviado al exilio político. 
 
 
La lista es larga y abundante en nombres y comisiones diplomáticas para tener el alto honor de representar a su país en otras naciones y encabezar misiones diversas.
 
 
El Servicio Diplomático, conocido así por edificar el servicio profesional de carrera en esta particular, delicada y altamente profesional área de desempeño, percibió por décadas como un desplazamiento amenazante el que políticos extraídos de áreas no profesionales de la diplomacia fueran designados como “jefes de misión”.
 
 
Embajadores y cónsules, quienes alcanzaron dicho grado al paso de muchos años de servicio, estudio y aptitudes, consideraban “agraviante” que un político sin la menor experiencia diplomática arribara a una embajada a dirigir los esfuerzos de representación como si se tratara de una secretaria de estado o un gobierno estatal.  Esos eran los tiempos y esas las reglas no escritas del sistema. El Presidente de la República tenía amplios márgenes para designar a su pleno y con frecuencia cuestionable criterio, a embajadores y cónsules en distintas regiones y países.
 
 
Durante la última década, se retomó la vieja tendencia de incluir intelectuales, escritores o figuras del ámbito literario como representantes diplomáticos sin grado de embajador, sólo a nivel de cónsul.  Mientras que en la última administración, se ponderó y fortaleció la figura, presencia y preeminencia de diplomáticos de carrera por encima de cualquier figura política, con salvadas excepciones.
 
 
Llama la atención que en la actual administración se manejen los nombres de Fidel Herrera, ex gobernador de Veracruz, como futuro embajador en Grecia, y al recientemente derrotado candidato a gobernador en Baja California Fernando Castro Trenti como embajador en Argentina. Ambas designaciones parecen retomar el viejo estilo priísta de otorgar “premios de consolación” o “becas de retiro” a políticos de salida, o cuyo futuro dentro del sistema es más bien remoto e improbable.
 
 
Evidentemente tendrán que pasar aún por la reglamentaria aprobación del Senado, donde los pesos y contrapesos dependerán del momento político.
 
 
¿México gana con representantes diplomáticos que no tienen otro destino o carrera más que un honorario puesto como embajador? ¿En qué sentido o de qué forma se ve fortalecida nuestra presencia en el exterior con figuras sin experiencia diplomática formal, más allá de sus propias carreras como gobernantes locales o estatales?
 
 
Tal parece que aunque los señores del PRI insistan en que son distintos y sus procesos de gobernar, construir y proponer son diferentes y profesionales, no dejan de aparecer estos resabios del pasado que nos remiten a otra época. ¿Veremos en las siguientes semanas  o meses al inolvidable Mario Marín, ex gobernador de Puebla, o a Ulises Ruiz, de Oaxaca, ser presentados ante el Senado como candidatos propuestos por el Ejecutivo para ocupar posiciones diplomáticas? 
 
 
Lamentable imagen la que presenta México en el exterior al no enviar a figuras propositivas e innovadoras del Servicio Exterior, las embajadas no son ya, en el escenario de competitividad internacional, posiciones de retiro, becas nostálgicas para políticos del pasado.
 
 
lkourchenko@elfinanciero.com.mx