Opinión

La agenda de Robin Hood a la inversa de Paul Ryan

 
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CNBC. (play.google.com)

Quise decir un par de cosas sobre las reacciones a la entrevista reciente de John Harwood con el legislador Paul Ryan en la CNBC, que son muy relevantes para entender el embrollo en el que están metidos los republicanos (vea la entrevista aquí: cnb.cx/1R5lmnv).

Los liberales de Estados Unidos han estado criticando como “ridículo”, con justa razón, el rechazo del diputado de Wisconsin hacia cualquier intento por considerar la distribución de los recortes a los impuestos. Sin embargo, los escritores conservadores (incluso aquéllos relativamente moderados, o que al menos intentan parecerlo) claramente siguen viendo al Sr. Ryan como una personalidad casi santa: seria, intelectualmente honesta y compasiva con los pobres.

Por supuesto que no lo es. Todas sus propuestas presupuestarias tienen la misma directriz básica: enormes recortes fiscales para los ricos combinados con salvajes recortes en los beneficios para los pobres, con un efecto neto de incrementar, no reducir, el déficit presupuestario. El Sr. Ryan finge que sus propuestas de hecho reducen el déficit, al afirmar que recaudará billones de dólares en ingresos cerrando lagunas no especificadas y que alcanzará billones más en ahorros no determinados. En otras palabras, el Sr. Ryan ha estado participando de un juego de estafa donde usa asteriscos mágicos para enmascarar una agenda de Robin Hood a la inversa (robar a los pobres para dar a los ricos) como defensa de los déficits.

No es difícil descubrir este juego. En 2011, en la cúspide de la “Ryan-idolatría” de los medios, la verdad sobre las propuestas del Sr. Ryan casi se hizo del conocimiento general, conforme los reporteros empezaron a señalar los disparates de sus supuestos.

Pero los eruditos republicanos moderados no pueden y no quieren ver lo obvio. Para ellos, todo tiene que ver con la impresión que transmite el Sr. Ryan, lo que también explica por qué consideraron que las ideas de recortar impuestos e incentivar la guerra del excandidato presidencial Marco Rubio era, de cierta forma, un distanciamiento respecto de los fracasos de los años de Bush.

Entonces, cuando los comentaristas lamentan la ceguera de los votantes republicanos en las primarias en lo que respecta a Donald Trump, y su disposición a dejarse llevar por un obvio estafador, quizás les convenga verse en un espejo.

Twitter:@NYTimeskrugman

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